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Rechazada por el Alfa, reclamada por el Licántropo

Capítulo 3 

Palabras:896    |    Actualizado en: Hoy, a las 14:47

e vista

obre un mantel de un intenso color carmesí, y los severos retratos de los Alfas anteriores nos obser

nos, sol

¡Tintín!

te su tenedor de plata contra una copa de cristal. El ruido agud

ula estaba tensa, su Lobo Interior, *Titan*, cla

e pare", dije, manteniendo

no, sin siquiera levantar la vista de su

s cuidadas sobre el brazo de Jace. Me ofreció una sonrisa condescendiente. "Cr

alidad, Alfa Jace. Es una falta de respet

ia dorada. Pero antes de que pudiera desatar su ira contra mí, Leo, envalentonado por la defensa de su madre y el silencio del Alfa,

tó en mi estómago. M

angre se heló en el segundo en que entré. Leo estaba de puntillas, intentando alcanzar la repis

. La única parte de mi alma que no había sido con

ono agudo de Alfa-Luna que rara

a mueca desafiante. "¡Es viejo y feo! ¡El tío Jace es e

me abalancé h

de su cabeza y lo arrojó al

estruendo espantoso. La foto en blanco y negro de mis padres rev

lcral se apoderó

señal, Leo estalló en soll

atrayendo al niño hacia su pecho. Me lanzó una mirada cargad

icó con una protección agresiva y sofocante, pero nada de eso era para mí. Corr

ristales rotos, tratando desesperadamente de rescatar la fotografía rota. Un afilado fragmento me co

obre un niño?", la voz de Jace

a foto arruinada contra mi pe

on completamente desprovistos de empatía. "Deja de exagerar,

te que un golpe físico. No solo de

tono se endureció hasta convertirse en una

rrodillara y se disculpara con el mocoso de su

nte tres años. El último y patético hilo de mi esperanz

deslizó de mis labio

los tres, y salí de la habitación. Subí las escaleras hacia mi su

ré al baño privado, abrí el grifo y metí mi mano sangrante baj

tomé mi teléfono e

sprovista de toda emoción. "Hazlo. Mañana. No me impor

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Rechazada por el Alfa, reclamada por el Licántropo
Rechazada por el Alfa, reclamada por el Licántropo
“Soy la Luna de la manada, pero al haber nacido sin loba, mi esposo, el Alfa Jace, me ignora como si fuera un parásito inútil. En cambio, trajo a la viuda de su hermano, Ciera, a vivir con nosotros, dándole todo su afecto y acomodándola directamente en el ala sagrada de la Luna. Permitió que el hijo de ella destruyera la única foto que me quedaba de mis padres y me exigió que me disculpara por asustar al niño. Cuando mi despiadada abuela nos convocó bajo amenaza de muerte, Jace eligió quedarse en casa consolando a Ciera por un berrinche inventado. Al presentarme sola en el Cónclave, mi abuela me condenó a la tortura. Me obligaron a arrodillarme sobre piedra incrustada con plata pura, quemando mi carne viva en medio de una ventisca brutal para pagar por la ausencia de mi Alfa. Mientras el dolor destrozaba mis huesos y la nieve helaba mi sangre, la humillación se convirtió en una claridad absoluta. Soporté tres años de este matrimonio político en silencio. Jace sabía exactamente el infierno que mi familia me haría pasar, y aun así me dejó morir sola para complacer a su amante. Pero justo cuando estaba a punto de rendirme ante la oscuridad, las impenetrables puertas de hierro de la fortaleza estallaron en mil pedazos. Mi primo, el temido Lycan Baron, bajó de su auto en medio de la tormenta, destrozó a los guardias y me envolvió en su abrigo abrasador antes de dar una orden letal: "Vendan en corto todo lo relacionado con los Silvermoon. Quiero a Jace rogando en los escalones de su propia manada al amanecer".”