bilidades médicas. Apenas cincuenta minutos después de la llamada de Caleb desde el int
staba de pie junto a los ventanales, inmóvil como una gárgola esculpida en obsidiana, con la mirada perdida en la lluvia que ahora
tercero el que hizo que el estómago de Mila se contrajera en un nudo doloroso. El Doctor Evans era un hombre de unos cincuenta años, de rostro afilado y modale
la presencia de Mila-. He traído el equipo de secuenciación rápida. Si la carga vir
sta de Caleb, su voz cortan
poniéndose entre el médico y el pasill
rmiendo. No voy a permitir que un extraño lo pinche o lo asuste e
mortecina del amanecer que comenzaba a filtrarse po
l procedimiento a mi ex-esposa antes de que decida llamar a la
garganta, abriendo el m
Un algodón en la parte interna de la mejilla. Durará cinco se
los ojos implacables de Caleb. Sabía que había perdido. Si se resistía físicamen
al médico hacia la habitación trasera. Caleb los siguió a una distancia calculada, deteniéndose en e
eo. Dormía con los labios ligeramente entreabiertos, abrazando su león de peluche. Mila s
en -susurró ella, mientras
rmullo de protesta, pero no abrió los ojos. Mila sostuvo la respiración hasta que el médico retiró el his
ón comenzó a vibrar en la habitación. Para Mila, s
ió el médico, retirándose hacia la sala princ
lo hic
tud sádica. A las cinco de la mañana, la lluvia por fin se detuvo, dejando paso a un amanecer páli
evitar que sus manos temblaran. Se sentó en una de las silla
l estudio con pasos medidos, como un tigre enjaulado que ya ha olido la sangre y solo espera que se abran los barrotes para saltar sobre su
. La amenaza resonaba en la cabeza
ido de la máquina del Doctor Evans se detuvo de
bre la encimera. Sus dedos se aferraron al borde de granito con tanta fuerza que
iador y deslizó el dedo por la pantalla. Sus ojos recorrieron lo
ovista de cualquier emoción-. El análisis ha concluido.
n tres grandes zancadas. No miró la tableta; cla
sultado
alla para que Caleb pudiera ver la gráfica brillante- es del 99
erró los ojos, dejando que la primera lágrima de pura y absoluta derrota resbalara por su mejilla. Había terminado. Su libertad, s
ula se relajó milimétricamente, y luego, una profunda inspiración infló su ampli
de su mano, Caleb
u equipo y a ti fuera de m
las puertas del ascensor se cerraron de nuevo, el silenc
to, dejando al descubierto al monstruo territorial, posesivo y vengativo que habitaba debajo. Avanzó hac
pero chocó contra el borde de
a lado de las caderas de Mila, atrapándola en una jaula formada por sus brazos
b, su voz ronca, vibrando con una intensidad que le erizó la pi
to contenido-. Te daré la custodia compartida. Renunciaré a lo que
e le arañó la garganta-. ¿Crees que esto es una negociación corporativ
billa con un agarre firme que no dejaba lugar a réplicas. Sus ojos gri
alina y aterradora-. Es el heredero de mi imperio. Y te juro por la tumba de mi
eb. No puedes simplement
ndo la voz hasta convertirla en un murmullo aterciop
par en par, el pánico d
de ti! ¡Ya no
hasta que sus frentes casi se tocaron, obligándola a sostener su mirada implacable-. Acabas de perder cualquier derecho a decidir sobre tu vida, Mila Vane. Tus cuentas bancarias ya est
l suelo desaparec
golpeando inútilmente el p
ovilizándolas contra su propio pecho-. Recoge tus cosas. Despierta a Leo. Nuestro avión despega en tres horas, y si no estás a
te le quemara, y dio un paso atrás, ajustándose
a familia, Mila. Nos esp
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