a lluvia contra los ventanales. Mila permaneció en el suelo durante lo que parecieron horas, sintiendo el frío de la madera filtrarse a través de su ropa. En
a champú de lavanda y galletas. Estaba temblando. Un temblor incontrolable
r esa mansión de cristal y acero que había sido su jaula de oro durante un año, le provocaba náuseas. Pero lo que más la aterrorizaba era la mirada que había vis
o a la habitación trasera, lo acostó en su pequeña cama en forma de coche y lo arropó hasta la barbilla. Se quedó mi
usurró, con la voz rota pero ca
studio y miró hacia la calle empapada del Soho. Allí, estacionado en la acera, bajo la luz parpadeante de una farola, estaba el inco
o, esperando, acechando en la osc
Leo era su heredero, la maquinaria de Thorne Enterprises se pondría en marcha. Tendría a los mejores abogados del mundo sobre ella al aman
nía que sembrar la duda
re los hombros y salió del estudio. Bajó las escaleras de emergencia de dos en dos, impulsada pminó con paso firme hacia el vehículo negro. El chófer, al verla acercarse por el espejo retrovisor, hizo un ademán
sentado en la penumbra, sosteniendo un vaso de cristal con whisky ámbar en una mano y su teléfono en la otra
-preguntó él, su voz perezosa y mortalmen
la ventanilla empapada, ignorando
ño no e
teléfono. Giró la cabeza lentamente hacia ella. La luz de la farola iluminó la mitad de su rostro, rev
auto -o
aleb... -empezó Mila,
ó la muñeca de Mila y tiró de ella hacia el interior del vehículo. Mila soltó un grito de sorpresa mientras caía sobr
n cuerpo bloqueando cualquier ruta de escape. Dejó el vaso de whisky en
eó Caleb, su rostro a milímetros del de ella.
ada. Su corazón latía desbocado, pero se aferró a
lleva tu
ostro, Mila. Me vi a mí mismo. Y escuché lo que me gritaste a
ra-. Cuando me fui de Nueva York... sí, estaba embarazada. Lo descubrí la noche que terminó el contrato. Por
cía que sus huesos iban a romper su t
a, apenas contenida-. Si estabas emb
lientes a asomar a sus ojos. No le costó trabajo
e que me encontraras, estar sola en un país nuevo... Tuve un aborto espont
o palpitó furiosamente en su mandíbula. Por una fracción de segundo, la máscara del CEO inquebrantable se fracturó, revelando
xigió saber, su tono ahor
dres. Elegí un perfil que se parecía a mí, a... a nosotros. Leo es mío, Caleb. Solo mío. Tiene mis ojos oscuros, mi cabello. La línea
do cada microexpresión de su rostro empapado y aterrorizado. Mila sostuvo la mentira, rezando a todos los dioses
o corto, desprovisto de humor, oscuro y cargado de
oyando una mano en el respaldo del asi
actriz pés
golpeando su pecho con amba
a de esta manera? Soy Caleb Thorne. Conozco mi propia sangre cuando la tengo enfrente. Ese niño frunce el ceño igual que yo, camina con la
su chaqueta y sacó su teléfono. Desbloqueó la
reguntó Mila, el páni
ntacto rápido-. Pensaba ser civilizado y llevarlos a Nueva York primero. Pero ya
l le sujetó ambas manos con una sola de las suyas, con una fuerz
equipo de laboratorio estén en la puerta de este maldito estudio en exactamente treinta minutos. No, no me importa
iguo. Sus ojos grises, ahora encendidos con el f
muerte-. Si dices la verdad, Mila, si resulta que no soy el padre, te juro que firmaré l
l nudo en su garganta er
y la suavidad de su toque fue perturbador-. Pero si resulta que me has mentido... si ese papel dice que el niño que duerme allá arriba es mi hijo...
a su amenaza. Mila cerró los ojos, sabiendo que acababa de perder la partida, y/0/23681/coverbig.jpg?v=edfcbd81db400ef77dd14e3992d8b6fb&imageMogr2/format/webp)