ado el ritmo frenético y milimétrico de la
una velocidad vertiginosa, el cerebro pareció desconectarse durante un microsegundo letal. El sonido de la lluvia golpeando los ventanales del estudi
tenso como la cuerda de un arco a punto de romperse. Su mirada, siempre gélida y calculadora, descendió de
un n
a un león de peluche deshilachado con una mano regordeta, mientras la otra descansaba sobre el marco de la puerta. Tenía el cabello
aliento. No fue la repentina aparición de un infante
n los
escrutadora. No eran los cálidos y expresivos ojos color avellana de Mila. Eran grises. Un gris tormenta profundo, frío y pen
igeramente la cabeza y, en un gesto que heló la sangre en las venas de Caleb, frunció el ceño. Era una línea dura y severa de desaprobación absolut
que había retrocedido t
da, adormilada, pero teñida con una nota de exigenci
mi" actuó como
Le
lanzó hacia adelante con la desesperación de un animal acorralado que protege a su cría. Sus tacones resonaron contra la madera del suelo mientras empujaba brusca
la mirada devoradora del magnate. Levantó a Leo en brazos con un movimiento fluido y fr
la voz temblando sin control-. Todo está bien, vu
esesperadamente ganar tiempo, poner una barrera física, una pared, una puerta con
un hombre al que se le ce
lippe, se apoyó contra la madera oscura de la puerta, deteniendo su
calculador CEO había desaparecido, dejando en su lugar a una fuerza de la naturaleza pura y letal. La palidez de su rost
palabra a través de los dientes apretados. Su corazón latía tan
ado de Mila hasta la nuca del niño que se aferraba a ella. La mente de Caleb,
a me dijo que me amaba. Al día siguiente desapareció. Tres años. Treinta y seis meses. Los números encajaban co
-la voz de Mila se quebró, traicion
aso hacia atrás. Pero no fue un gesto de retirada; fue el movimiento calculado de un depredador ajustando su dist
a una furia tan fría, tan profunda y absoluta, q
un grito. Fue un susurro mortal, bajo y rasposo,
za-. Es mi hijo. Mío. Tú no tienes nada que ver aquí. Viniste
r el agua que había pedido, se revolvió en sus brazos. Apoyó sus pequeñas manos
r miradas. El magnate y el ni
fuerza, sacando el labio infer
niño, con una dicción sorprendentemente clara y un tono de mand
pre había afirmado odiar la idea de la familia. El legado de los Thorne estaba maldito; su propio padre le había enseñado que la sangre solo servía para abrir
mento volcánico contenido en un cuerpo tan diminuto y vulnerable... una p
u sangre. Ese niño
ralo y atrévete a repetirme a la cara que no es mi problema. Atrévete a mirarme a los ojos,
rimas de pura frustración
mera noche juntos que preferirías quemar tu imperio antes que tener un heredero! ¿Qué querías que hiciera, Caleb? ¿Quedarme y
de Caleb. Por un momento, una sombra de agonía cruzó sus
encogió contra el marco de la puerta, pero no apartó la mirada-. Me robaste tres años de su vida. Te
o con su propio cuerpo-. Tú no sabes amar, Caleb. Tú solo sabes poseer. Y n
s centímetros del de ella. El olor a cedro y bergamota envolvió a M
No me iré a ninguna parte. No me importan los contratos de propiedad. No me importa el maldito fidei
par en par, el terror
oce horas para estar a bordo de mi avión privado con destino a Nueva York. Si intentas huir de nuevo, si intentas esconder a m
ento mecanizado para recuperar el control externo. Lanzó una última mir
ñana, Mila. No me h
o como la cuenta regresiva de una bomba a punto de estallar. Cuando la pesada puerta de roble se cerró tras él, Mila se dejó caer contr
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