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tasmal. Sus dedos temblaban mientras presionaba el botón de enviar en el teléfono desechable. El paquete de
íquido y corrosivo le quemara las entrañas. El teléfono se resbaló y cayó dentro del lavabo. Zafiro
ón tibia y húmeda deslizándose
bajó la
gota de sangre roja brillante estalló,
on una mujer que acababa de ent
timo que vio fue su propia mano, pálida y temblorosa, extendiéndos
Monitores pitando. El chirrido de suelas de goma sobre el linól
lla. Las luces del
s anteriores. Lucía sombrío, gritando órdenes a una enfermera q
ró la manga
urró-. ¿El be
ojos estaban fijos en el monito
e interrumpir el embarazo inmediatamente. Debemos
as lágrimas mezclándose con
favor.
ión, Zafiro. Te
miró a la
timiento, necesitamos una firma, o
ió débilmente. La enfermera le puso un te
or de su lista de contactos. El número que se suponí
vi
aire acondicionado. Davin Cantera estaba sentado a la cabecera de la larga mesa de caob
nal vibró contra
n la pantalla hizo que su m
ntonces recordó la voz de su abuelo ayer
o breve y molesto, y
pasa,
-. Estoy en el hospital. El bebé..
llí, supuestamente tomando notas para la reunión, aunque en realidad solo estaba ju
as sin sonido: "¿Está pi
ía advertido. Dijo que Zafiro estaba desesperada, que inventaría un embarazo p
a curvó el la
ealmente no tienes fondo, ¿verdad? ¿Estás m
-gritó Zafiro al o
l, con la voz desprovista de emoción-. No intentes us
l icono rojo. Lanzó el dispositivo sob
o sepulcral. Todos los ejec
vin, recostándose e
finalizada zumbó en
se deslizara de sus d
cabeza soltó un pi
Milagro-. ¡Olviden al marido! ¡La estamos
firo sintió el frío trepando por sus piernas, instalándose en su pecho. C
scuridad se la tragaba por co
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