n
r primera vez entrara a la oficina de mi CEO. Me imagino que estará en su escritorio con tan solo una flor roja cubriéndole el cuerpo
quiera llevarme a otro lugar para evitar una espera. Intente hacerle mala cara, pero me causa gracia verle los gestos que hace cuando por primera vez
a sido tan largo. Este sonido chirriante es mágico, produce que en un segund
ue conduce a la oficina del jefe, que parece alargarse al infinito. A medida que me acerco, me siento mareada y la ansiedad me abruma; mejor decido hacer una parada en el baño que queda en la mitad de ese interminable corredor. No me arrepiento de entrar
mi imagen mental que a mi reflejo. Por más que peino mi enmarañado cabello, me retoco el maq
, pero mejor aprieto el puño y respiro hondo, automotivándome; le digo al es
salir; me escondo detrás de la salida del baño. Me asombra ver que Sheila, la detestable secretaria, sale de ahí con sus piernas largas y temblorosas, nada pare
a oficina, si llegaré dándole un beso al frente de todos y echaré del trabajo a la porquería de Sheila. Supongo que no será bien visto que la esposa del jefe tenga que llamar a los clientes. Así que lo mejor será que mi
l llegar a la oficina, me quedo acariciando la puerta; una corriente helada me recorre el cuerpo erizándome el cabello. Debido a que al otro lado está mi a
ra darme ánimos. -Después de todo, no sería mi primera vez, pues ya estuve con el baboso de Miguelito, asqueroso remedo de hombre, ese, cómo lo d
es necesario, rómpela junto con todos mis miedos. -Me aconsejo; es algo que aprendí cu
r de que casi me parto la mano golpeando, él no me abre ni contesta. Es posible que a mi galán se le olvidara nuestro compromiso; desde luego que es un CEO muy ocupado o quién sabe qué asunto lo embolató. Mejo
adros con diplomas. Doy pasos gatunos para entrar con cau
antasía. Resulta que mi jefe está acostado en el escritorio, sin nada de rop
-susurro a la vez que finjo mirar hacia otro lado para n
na risa nerviosa, y me volteo esperando que me agarre por la espalda, que me gire y refriegue contra su ser, pero me quedo esperando en medio de un silencio que no percibo. Vuelvo a mirarlo, ¡caray!, es un espectáculo; se nota que hace mucho ejercicio; escuché que fue campeón de natación.
primeros auxilios; le pego en el corazón, le muevo los brazos y le hago respiración boca a boca mezclada con caricias; es que no aguanto. Pero esto le sirve a mi blanco nieves, quien mágicamente revive, abriendo sus hermosos ojos verdes; al fin se los aprecio bien, ya que sie
como cobijas y mi cuerpo como calefactor. Aunque la experiencia me encanta, no me puedo quedar aquí; puedo jurar que mi madre me reprenderá muy fuerte. Sin embargo, podría ser un día memorable; de seguro valdrá la pena cada segundo. Los regaños y golpes de mi mamá los soportaré con la fuerza que me den e
el ruido de los murmullos y del sonido de las cámaras de los teléfonos móviles que estaban grabando y publicando en las redes sociales la escandalosa imagen del
boch
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