" Esa frase me atr
sas palabras me hicieron sentir algo que nunca había sentido: verdadero miedo. Al principio fue shock, luego rabia
atrimonio. Siempre se había mantenido firme en las reglas: cero besos, solo sexo. Y tenía que admitirlo: el mejor sexo de mi vida. Sus labios suaves me llamaban, pero ca
huelen a drama, a impulsos, a problemas. Casado, uno proyecta estabilidad, autocontrol.
da me tuvo atado. Pero ya venía siendo hora de que me saliera del molde. No es que la odiara-solo esperaba
ola idea de vivir con la esposa que ella
inversionista. Y ahí fue donde la vi por primera v
ran dulces ni soñadores; eran duros. Tenía calle, sabía cómo mo
qué y l
r si decía en serio lo que proponía. Le dejé
e: "Señor, ¿podría pagar la
nsaría que tendría ilusiones, sueños román
mo nunca. "Claro, si a
esolver lo urgente. Lo único que le preocupaba e
spera. El resto del tiempo serás mi secretaria. Nadie sabrá que estamos casados. No harás escenas, no reclamará
recordar siempre su rol: ser el adorno silencioso de este matrimo
. Dijo sí
espués de eso, cualquier otra mujer me parecía
a obsesionado. Fui su primer hombre, y la
que seguía siendo el mismo Cary de siempre. Per
r favor. Antes
¿Por qué co
lla se resistió. "¿Dónde queda la clínica de Porti
me molestaban sus ataques felinos. Aho
al pensar en lle
la puerta y le mordí los labi
rza. Le metí la mano dentro de la ropa interior y
scapó de s
en su boca. Su saliva. maldita sea, m
errática, aferrándose a mi brazo.
l sujetador. Ya tenía los pezones duros. Sujeté una muñeca,
favor! ¡No voy a
entonces?" le
ndose el labio. "Gary. no te pares
mi mano entre sus piernas. Su reacción fue in
. haz
a de memoria. Era mi esposa
. Ella me rodeó con los brazos y susurró,
rgí en ella y la llevé al
único que pensé fue en rasgarlo entero. Usualmente
el trabajo. Se me ha
aba en mis brazos. Le acaricié la mejilla y le susurré
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