La compañera rechazada del Alfa multimillonario
do se
mente, segura de ha
los celos-. ¿Una abominación mitad humana? Sería una mancha en el linaj
elante, extendiendo una mano temblorosa
el borde de la alfombra blanca. Cayó con fuerza, y su codo crujió contra el suelo. El dolor
llonario que conocía había desaparecido. En
mi autoridad porque engendré a un bastardo con una mascota humana. Irás a la clí
s y cegadoras. Lo miró desde el suelo, vie
susurr
ó el ceño. -
pentino y feroz instinto maternal. Se puso en pie a duras penas, retrocediendo hacia
se curvó. -¿Crees
sa. Les diré a todos lo que eres. -Era un farol, un far
eres nadie, Emily. Una huérfana sin un centavo contra un multimillonario. Podría romperte el
rados. -El rechazo es demasiado bueno para ti. Tal ve
os ojos-. Déjala correr. Es más divertido así. Además, la tormenta es terrible e
. Miró a Emily con puro asco. -Bien. Corre
, te rechazo a ti, Emily Reed, como mi compañera, mi amante y la madre de mi hijo
mbiara de opinión. Se dio
eó el botón del ascensor, sollozando mientras las puertas tardaban una eternidad en abrirse. C
pie en el pasillo, observándola. Sus ojos brillab
-articuló él si
sta la fría realidad de su vida. Se desplomó contra la pared de m
arlos. Quería
por las puertas, pasando por delante del sobresaltado guardia de segu
escalza sobre el pavimento, y sus calcetines se empaparon instantáneamente en los charcos. No sabía a
jo hacia la estación de metro. Su respiración sal
mp.
. No era el clic rítmico de unos zapatos, si
irando por enc
alle, se alzaba un enorme lobo gris. Tenía los labios retraídos
hasta el amanecer. Había
os -gimi
lla metálica, desgarrándose el abrigo, y aterrizó en un charco al otro lado. Podía oal, agitando los brazos frenéticame
lluvia obligaba a todo el
o por u
na de distancia, con su motor ronroneando como una bestia dormida. Parecía
Simplemente co
. Podía oír sus garras derrapando
esplegando un paraguas negro con un movimiento tranquilo y fluido. Era alto, vestía un
se detuvo
-gritó, lanzán
ntra su pecho. Ella agarró las solapas de su gabardina, y sus
llozó, miránd
, se quedó
a de un cuervo. Pero fueron sus ojos los que detuvieron su corazón. Eran de un tono violeta penetrante e
tensa curiosidad. No la apartó. Su brazo rodeó su c
un susurro roto-. Van a matarme. Haga lo
n seco a tres metros de distancia. Gruñó, caminando de un lado a otro, pero no
u mirada descendió hacia su estómago y luego volvió a sus
mó. Su voz era profunda, suave, y la aterr
-. Por favor. Ha
nclinó la cabeza.
lquie
resión oscura y depredadora que prom
sto en cuenta, pequeña humana. Si da
peraba en la oscuridad. Miró al hombre que
tró en la oscur