Enamorada de un CEO de otro mundo
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u traslado
ntos. La idea de salir de su zona de confort la hacía estremecer. Aunque no tenía a nadie en esa
tarlo? ¿Qué pasaría? -le repro
ta a viajar. Además, tienes dos opciones: quedarte sin empleo o irte p
pasaba por una quiebra inminente; los directivos estaban tratando de reubicar a l
bía tocado irse al lugar más frío y
tenencias y, al día siguien
espeso bosque y un clima frío y neblinoso. La ciudad tiene una historia
e imaginaba ser devorada por una legión de vampiros y que su pobre cuerpo yaciera f
ojos grandes y expresivos de color avellana y una sonrisa tímida que rara vez se muest
nde pasaría los días mientras estaba en Charleston: una casona grande y
llo cuarto por recomendación del jefe de S
. Tu tiempo de ducha no debe durar más de diez minutos porque acabarías el agua caliente para lo
dría decirme dónde queda la gran factoría? De
ugar, muchacha? -María le preguntó algo co
le respondió con resignación-. ¿Por qué me lo pregunt
silencio. En esta ciudad se rumorean algunas cosas paranormale
profundo escalofrío recorrió su cuerpo, pero prefirió pensar q
En lo alto de ella se veía una preciosa mansión, poco iluminada; parec
o se posó sobre ella. Cerró los ojos y por su mente pasó la imagen de un hombre hermoso, p
e y, despavorida, corrió
na broma -se rep
bía trabajar para comer y pagar el asilo de su madre, una mujer que se había enloqueci
mañana, la ciudad estaba casi oscura. Ahora comprendía por qué le llamaban así y por qué sus h
e trabajo: un enorme edificio color ceniza que hacía juego perfecto con la ciudad, grandes ventanales polarizados y puertas m
ión la recibió. No era diferente a los demás: su rostro era pálido y blanco;
stente administrativa.
antiguo puesto de trabajo. Debe ponerse al día con las cosas de la factoría, pero estamos c
levaba a su oficina: un hermoso puesto de trabajo, un escritorio, una laptop
ente se había relacionado con otra chica que trabajaba junto a ell
a ir a comer?
vor. Este frío hace que mi estómago
jer! Vamos, el ascen
ascacielos. Se rumoreaba que a los últimos pisos nadie subía, pues allí estaba la gran ofi
a Sophie era completamente nueva. Un hombre alto, rubio, de ojos grises y labios rojos, con una apariencia de unos tre
trada del elevador cuando lo vio. Se trataba del mismo hombre que dí
tas -la gruesa voz d
ondió al saludo, mientras que, sorprendida,
bien? Debemos
u amiga en el elevador. Apenas pasó por el lado de Valentín, una sensación
; parecía que hubiera desaparecido, mientras el
mbre? -Sophie le
él poco menciona palabras. Yo llevo trabajando aquí hace algunos años y está igual de perfecto desde qu
aterrada en ese momento. Lo que menos le gus
nido muchos encuentros apasionados con humanas a lo largo de los siglos. Su presencia en la ciudad ha sido fundamental para mantener el equilibrio entre los vampiros y lo
no es
umores, querida. Ven, vamo
la. Era un hombre envuelto en una divinidad casi extraterrestre, se podría decir que infernal. Eso la asustaba de una manera que no po