Pecado en el piso 50
del aeropuerto. Frente a ella, un jet Gulfstream plateado brillaba bajo el sol de
gris claro, sin corbata, con el primer botón de la camisa des
e había llegado a su apartamento esa misma mañana en una
peligrosamente con cada paso. La brisa de la pista le acarició los muslos desnudos, re
a su altura, aunque sus ojos brillaron al ver
ico, señ
a ayudarla a subir. Su a
su oído mientras subían-. Y espero que hayas
dera pulida y una azafata rubia que les ofreció champán antes de desa
s amplios sillones de cuero y
ént
rón de seguridad de Gabriel se soltó con un clic metálico. Se sirvió u
n a
escalzos (se había quitado los tacones al subir). Caminó hacia él. Gabr
o -dijo con una sonrisa ar
l atardecer que entraba por las ventanillas ovaladas. Lentamente, l
abrió com
a de sus hombros. Sus pechos, con los pezones rosados y endurecidos por el aire acondicionado de la cabina, subían y bajaban con su res
y pellizcó suavemente uno de sus pezone
rajo hacia él hasta que ella quedó
erna al reposa
en el brazo del sillón. La postura la abría completamente, exponi
, su aliento caliente rozand
do, Sofía. ¿P
pudiera responde
os. Fue direct
produciendo. Sofía echó la cabeza hacia atrás, agarrándose al reposacabezas del asiento para no caer
z y la lengua, buscando el clítoris y succionándolo con fuerza. El
azafata... -gimió ella, con
piel mojada, y luego introdujo dos dedos dentro de ell
abriel movía los dedos con un ritmo curvo, "ven aquí", estimulando su punto
violentamente. La presión se ac
separándose un momento para mirarla. Tenía l
esta vez aumentando la velocidad, chupand
redes vaginales contrayéndose fuertemente alrededor de los dedos de Gabriel. Se corrió con fuerza, empapando la cara
aliento. Él ni siquiera se había desabrochado el pantalón. Su satisfacción venía de c
nsa un poco. Necesitarás energía para cuando aterricemos en París. Ten