Cuerdas Rotas: La Huida de la Esposa del Mafioso
rada fija en la ruina de mi mano, cu
irtieron en metralla, llo
area de aceite negro. Llevaban chalecos de combate, pero
rpión de lo
do! -grit
es él
ca
o. El Jef
un rifle de asalto, sus ojos escaneando
e en la habitación pareció congelar
empapando las sábanas. Vio la piel
callosos flotando sobre los cortes pr
eguntó. Su voz era ate
a -su
a esp
an
egundo. Cuando los abrió, era
nó a sus hombres-. Prepá
mano buena, desesperada-. Lucas, Mía está
ensó hasta que el músculo
ero -logré decir-
Lu
te rugió desd
él, armas en mano. El pasillo se convirtió en un polvor
a Lucas,
eando de mi mano.
-exigió Dante-. No pue
vantó la voz. No tenía que hacerlo-. To
osa -espetó Dante-.
ntando el cañón de su rifle haci
dedos cortados. La naturaleza e
, su voz vacilante. Parecía c
. Entró. Usó las cuerdas del violonchel
al pasillo donde Sofía se acu
Sofía-. ¡Estaba en la coc
su rifle, apuntando directamente a la
ante se
o entre la ba
utiló a mi hermana. Ejecutó a la hi
-dijo Dante-. Si le dis
sea la guerr
guro con un
oz dura-. Pero Sofía... Sofía es mi sa
obse
acababa de lisiarme. Protegiendo a l
ue saber que ella lo hizo. La evi
le imp
erte que su honor. Más
a casa, L
habitación era p
Lucas a Dante-. Y vo
. Pero si disparas esa arma, ninguno d
a Dante con
negro. Estás cambiando
contrato por un al
los
eía. Creía que
hombres, dándole la espalda al hombre qu