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Demasiado tarde: El traidor inocente que destruí

Capítulo 4 

Palabras:768    |    Actualizado en: 05/01/2026

o departamento, contorsionando mi cuerpo en un i

do de carne viva, ampollada y supura

las heridas y mordí con fuerza una toalla dobl

o se abrió; expl

taba en el marco, su pecho subiendo y bajando, su rostro m

detenerse. Vio la botella de vodka. Vio la pomada par

edó h

e abrieron, las pupilas dilatándose hasta convertirse en pozos

voz temblando con un temblor

, siseando cuando la tela se

e, volviéndome p

eria! ¿De dónde saca

sonrisa en mi rostro. Era la única ar

cia-. A una chica en las duchas no le gustó cómo la miré. O tal

anta fuerza que pensé que

ama

ignorando el dolor d

e se divierte, Alejandro? La

asquearlo, para asegurarme de que nunca mirara lo suficientemente de cer

cuello. Su mano era grande, cálida y callosa. Apre

l mío-. Pensé... por un segundo, pensé que esta

o ahogado y ronc

as hecho? Corrí, Alejandro. Vi el fuego y corrí. Solo me impo

e un corazón roto fracturar su ira. Quería qu

s labios, las palabras sint

n -j

o, boqueando mientras el oxígeno volvía a mis pulmones ardientes

Sofía llamó. Nec

raba al final del largo camino de entrada. Alejandr

ras ponía la marcha para avanzar,

o y teatral, y rodó sob

rche, Aleja

historia se repetía: la mujer que amaba, derribada por un vehículo,

ella. Corrió hac

n tanque. Observé por el espejo retrovisor cómo se aba

. Agarré el volant

como la explosi

contra la fuerza de su ira. La bolsa de aire se desplegó, golpeándome en la cara, pero no antes de s

el si

jos. A través del parabrisas destrozado, vi a Alejandro sen

cía hor

a sati

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Demasiado tarde: El traidor inocente que destruí
Demasiado tarde: El traidor inocente que destruí
“Salí del penal federal con un diagnóstico de cáncer terminal y exactamente seis meses de vida. Desesperada por dinero para pagar un entierro celestial, volví con la familia Villarreal, la misma gente que ahora me quería muerta. Alejandro, el hombre que había amado desde niña, me miró con puro odio. Él creía que yo era el monstruo que mató a su madre. No sabía que yo había confesado un crimen que no cometí para ocultar la horrible verdad: que ella se había quitado la vida. Para castigarme, Alejandro se volvió un sádico. Me obligó a trabajar como sirvienta, haciéndome montar guardia frente a la puerta de su habitación mientras estaba con su prometida, Sofía. Cuando la hacienda se incendió, no lo dudé. Corrí hacia el infierno. Arrastré a Alejandro a un lugar seguro, mi espalda ardiendo mientras los escombros caían sobre mí, dejándome cicatrices para siempre. Pero cuando despertó, me escondí en las sombras y dejé que Sofía se llevara el crédito. No podía dejar que se sintiera en deuda con una "asesina". Pensé que eso era lo peor. Estaba equivocada. En la víspera de su boda, Sofía tuvo un accidente y necesitó una transfusión de sangre. Yo era la única compatible. Alejandro no sabía que mi cuerpo ya se estaba apagando. No sabía que mi sangre estaba envenenada con marcadores de cáncer. -Sáquenle toda -le rugió a los doctores, ignorando mi cuerpo frágil y tembloroso-. Salven a mi esposa. Morí en esa mesa, desangrada para salvar a la mujer que me robó la vida. No fue hasta que el monitor marcó una línea recta que su mano derecha finalmente arrojó un expediente al regazo de Alejandro. -Ella no mató a tu madre, Alejandro. Y no se fue de la ciudad. Acabas de ejecutar a la única persona que realmente te amó.”
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