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Renaciendo De Las Cenizas De Tu Traición

Capítulo 5 

Palabras:674    |    Actualizado en: 15/12/2025

ila

alor que creía haber perdi

El dolor lacerante que lle

cto. Esperaba rechazo. Esperaba juicio. E

uando tomó mis manos entre las suyas y l

teniendo mi mirada con una intens

ncía dañada, como yo temía, sino como a u

on vista al mar. Y, lo más

, me miré en el espe

eño recargado y asfixiante. Este era sencillo, elegante, una s

, ajustando el velo sobre

o mi mirada en el reflejo-. Te merec

z en meses, la sonrisa l

iglesia. El air

el tráfico se detuvo

tanilla tintada

coche, había otro

un vuelco seco.

erva una película muda. Llevaba el esmoquin que y

como si buscara algo que había perdido,

mo una garrapata, tensa y posesiva, arrastrándolo

eron paralelos durante

entrecerraron, tratando de ver a través del

intió mi presencia como

separada de él por milímetros y por

ro cambió

futuro. El suyo giró a la

, Fer

altar, con una sonrisa que iluminaba todo e

udas. No

ra y fuerte, que resonó e

mi pequeña cartera de mano

años, llenos de promesas v

pedazos. Luego en ocho, hasta que no fue

papelera si

ó, curioso, arq

do b

-respondi, y er

che, subimos

uerto, cortando las aguas

luces de la ciudad se hacían cada vez más p

estaba mi pasado, que

la cara, salado y

i vientre

libres -susur

ido profundo y vibrante que resonó en

hacia la luz, hacia una vida donde y

y por primera vez, no

ganas

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Renaciendo De Las Cenizas De Tu Traición
Renaciendo De Las Cenizas De Tu Traición
“Desde la penumbra del balcón, escuché cómo mi prometido le regalaba los detalles de nuestra boda a su amante. Fernando le prometía a Carolina mi fecha, mi viñedo y mis sueños, riéndose mientras ella me llamaba "un mueble que ya estorba". Soporté la humillación en silencio, apretando en mi bolsillo la carta de otro hombre. Pero el límite se rompió en el aeropuerto. Mientras yo intentaba proteger mi propio embarazo secreto, Fernando me dejó tirada en el suelo, pálida y enferma, para correr tras Carolina y su embarazo fingido. Ese día, mi amor por él murió entre las maletas y la indiferencia. Desaparecí sin dejar rastro. Un mes después, cuando Fernando descubrió que el cáncer y el bebé de Carolina eran puras mentiras, su mundo se vino abajo. Me buscó como un loco, removiendo escombros con las manos sangrando tras un deslizamiento de tierra, solo para encontrarme viva, pero inalcanzable. Cayó de rodillas en el barro, llorando y suplicando perdón, prometiéndome la vida que siempre quise. "Perdóname, Sheila. Sé lo de nuestro hijo. Te daré todo," gimió, destrozado. Lo miré con la frialdad absoluta de quien ha sobrevivido al infierno. "Llegas tarde, Fernando," le dije, mientras mi esposo, un hombre que jamás me abandonaría, me tomaba de la mano. "Ya estoy casada. Y él sí sabe lo que significa el respeto." Subí al helicóptero de rescate sin mirar atrás, dejándolo ahogarse en su propio arrepentimiento.”
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