“Mi esposo me dijo que me escondiera en nuestra cabaña después de que mi hija cayera en coma. Dijo que él se encargaría de la tormenta mediática y de las acusaciones de plagio en mi contra. Y yo le creí. Dos años después, vi a mi mejor amiga en una de las pantallas gigantes de Paseo de la Reforma, aceptando un premio por mi arte, con mi esposo aplaudiéndole eufórico entre la multitud. Al escuchar su celebración, descubrí la horrible verdad: ellos orquestaron el "accidente" de mi hija, robaron el trabajo de mi vida, y mi esposo planeaba desconectar a mi hija del soporte vital. Él creyó que me tenía atrapada, amenazándome con la vida de nuestra hija para forzar mi silencio. Incluso me hizo firmar un acuerdo de divorcio, pensando que me estaba despojando de todo. Lo que no sabía era que mi hermano, que es abogado, ya había presentado unos papeles completamente diferentes. Y yo me acababa de quedar con todo.”