“Acompañé a mi esposo a empezar de cero, pasando de una cabaña decadente a una mansión enorme. El día que la empresa salió a bolsa, él apareció en la celebración con una mujer joven del brazo. La presentó ante la multitud: "Esta es mi amada, la señorita Barrett". Alguien preguntó: "¿Y su esposa?". Él simplemente sonrió. "¿Esa vieja de casa? Ella no pertenece a un evento como este". Me quedé en silencio al fondo de la sala, sosteniendo una copa de champán. Entonces, la pantalla detrás de él se iluminó y comenzó a reproducirse un video sobre la historia de la empresa. Al final, apareció un gráfico con la estructura accionaria. Mi nombre y foto estaban claramente bajo la sección de "Accionista mayoritaria", con una participación del 51%. En el video, una versión joven de mi esposo, con un aire tímido, decía: "Todo lo que tengo, se lo debo a mi esposa. Sin ella, nada de esto existiría".”