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Dejé al tacaño de mi marido en la ruina

Capítulo 3 

Palabras:783    |    Actualizado en: 04/12/2025

cambio, reservé una habitación

enzando con acusaciones, luego amenazas, y fin

estás? H

í haber discutido con

sa. Ya no dividir

fruncí los labios y

ividiríamos

eglas ridículas, yo volvería obedientemente a ser la am

il

i directamente a la

jardín regando sus orquídeas y no s

e entraste

í"

ra escuc

lo que quieras hacer. Si el mundo

e la emoción y casi se me

os, prácticamente había cort

a demostrarle que no había ele

"¡Mi Isaac es tan capaz, cómo puede comp

el vacío de su autoestima patética inflada por s

la ayuda de mi padre y jugué j

en, era realm

sa de mis padres

Doris fue a hace

pecado he cometido! ¡Cómo pude tener una problemática! ¡Irrespetuosa c

te a ella. "Doris, hablemos con calma. No arruines tu salud con el enojo. Los asuntos entre Sabrin

a desesperación! ¿Cómo no voy a in

desde la ventana

etido afuera, que venga a hablar conmigo personalmente. Hacer un escándal

a las amenazas, y sintiéndose derrotada después de hace

ndo Isaac apareció en l

su asistente lo det

upado. Por favor, resuelva sus asuntos per

ada a Isaac y él f

a la "casa" que c

coger mi

cajas de comida a domicilio apiladas

el sofá, sin afeitar

reclamándome: "¿Todav

". Sin mirarlo, caminé direc

í haber insistido en dividir los gastos contigo, ni haber calculado esos tre

é a empacar mi ropa. "Es

qué?". Agarró mi muñeca

ra fuerte y

os". Lo miré

l siglo. "¿Divorciarnos? Sabrina, ¿qué de

el dinero para comprar esta casa! ¿Acaso yo no soy quien pago toda tu ropa y comi

za. Así que ese era el hombre que había amado durant

nsual neto de quince mil dólares podría mantener este ap

dó ató

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Dejé al tacaño de mi marido en la ruina
Dejé al tacaño de mi marido en la ruina
“Después de cinco años de matrimonio, la frase favorita de mi esposo Isaac Saunders era: "Las cuentas claras conservan amistades, y los matrimonios también". Dividíamos todo estrictamente a la mitad, calculando las facturas de servicios hasta el último céntimo e incluso nos turnábamos para pagar las compras. Pero aquel día, cuando mi hermana menor Aileen Howe fue hospitalizada de urgencia, le pedí prestados trescientos dólares. Inmediatamente sacó una calculadora y dijo: "Según nuestro acuerdo prenupcial, los préstamos sin intereses están limitados a doscientos dólares. Cualquier cantidad que exceda eso, acumula intereses a una tasa diaria del cinco por ciento y requiere garantía". Viéndolo decir eso con tanta seriedad, me pareció que la situación era completamente absurda. Firmé el acuerdo en silencio y tomé el dinero. Él no sabía que, la casa que estaba utilizando como garantía para su cálculo de intereses, estaba legalmente a mi nombre. Tampoco sabía que las inversiones de las que estaba tan orgulloso eran rentables gracias a la información privilegiada que me había proporcionado mi padre. 'Isaac, ya que te gusta tanto calcular, veamos quién domina el juego de los números en verdad. Te mostraré lo que realmente significa perderlo todo', pensé para mis adentros.”
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