El arquitecto de su propia ruina
ista de So
i a trabajar. Revisé planos. Sonreí a los mensajes de Ricardo y respondí a sus llam
, cada toque casual, era una mentira que raspaba mis nervios en carne viva. Vivía en
erraba a mí como un abrigo húmedo. Mis pensamientos estaba
he cada mañana y un licuado junto a mi plato en la cena-. He estado hablando con un nutriólogo. Necesitam
os, demasiado agotada para discutir, diciéndome a mí misma que sol
us ojos brillaban con una emoción fabricada. -Tengo
mio Pritzker y había cimentado mi nombre en el mundo de la arquitectura. Era mi obra maestra, una si
aba reunida en la base del edificio. Y de pie junto al
? -pregunté,
maras-. Estamos anunciando una nueva iniciativa de la ciudad para la preservación arquitectónica, y pensé, ¿qué mejor luga
convirtiéndolo en parte de su marca. Puso su brazo a mi alr
alma de la ciudad, de la importancia de los códigos de segu
scó desde un panel de servicio en
pasando de gris a negro. Una pequeña y brillante
sa se abalanzó, las cámara
mentos, carbonizando una sección de la fachada y rompiendo un solo panel de vidrio antes de que
antó las manos, tranquilizando a la multitud. Ordenó a su se
e volvió hacia los repor
idente resalta un problema crítico. Subraya la necesidad urgente de actualizar los códigos de seguridad, especialmente e
s. No tuvo que decir mi nombre. Había plantado la semilla. El incendio en e
. Esto no fue un accidente. Fue una trampa. Había orquestado todo este evento para mancha
dentificador de llamadas decía 'Padrino'. Eduardo Ferrara. El formidable magnate de los medi
temblando liger
n baja y urgente, despojada de toda amabilida
la ventana, una pequeña y satisfe
o puedo
Eduardo era como grava-. Nunca confié en él. Ese incendio fue provocado, Sofía. M
re se m
nálisis de sangre recientes. Te han estado drogando sistemáticamente, Sofía. Un sedante de bajo grado, consistente
fusión. El agotamiento. Todo encajó,
engo un equipo a dos cuadras detrás de ti.
cho? ¿Ya viene en camino? -hizo una pausa-. Bien. Se está convirtiendo en un problema. Enciérrenla. Diremos que t
n. -Mi amor, era el director de un retiro de bienestar privado en las afueras. Desp
amino privado. Adelante, pude ver a dos hombres
ara llevarme.
desviándose bruscamente mientras yo lo giraba con fuerza hacia la d
a toda prisa. Una camioneta negra frenó en seco detrás de nosotros, y
se interponía entre Ricardo y yo, quien ahora estaba fu
! -gritó-. ¡Estás tenien
mioneta, débil y desorientada, escuché la voz d
mbiado. Ella s
Ricardo, contorsionado por una rabia tan pura que era aterradora,