El arquitecto de su propia ruina
ista de So
mi corazón rompiéndose. Mis movimientos eran bruscos, espasmódicos, como si un extraño operara mis p
del político carismático. La corbata aflojada, la sonr
oz un murmullo bajo e ínti
razado cuando mis padres murieron. El hombre cuya ambición yo había defendido, cuyos sueño
o de conmoción, porque su sonrisa vaci
mi mejilla. Retrocedí de un respingo
estello de dolor cruzó su mirada, u
atrimonio grabada a fuego en mis párpados, el audio de sus fríos cálculos re
la de esta noche? Sé que odias estas cosas, pe
cil, o la estresada, o que no apoyaba lo suficiente el bien mayor que supuestamente él servía. Me estab
r con voz ahogada. Las
ir en sus rasgos como por arte de magia. -No, no lo e
ración de propiedad que ahora me resultaba repulsiva. En la cocina, comenzó a sacar los ingredientes para mi pasta favorita, p
idad espantosa. Su vida era un escenario, y yo solo era un acceso
vino. -¿Un brindis? Por nosotros. Po
is labios fue una risa ah
ño. -¿Qué es
asgos en una máscara de neutra
les, fácilmente explicables por la fatiga o el estrés. No eran reacciones complejas a un
ando el techo. Su teléfono, que había dejado descuidadamente en la me
ontacto guardado como
tos del lanzamiento de la joyería. No puedo esperar a que sea mía de v
o de una joyería a la que había asistido la semana pasada. En la foto, yo llevaba el anillo de compromiso que Ricar
tero. Un pesado y antiguo anillo de oro destinado a la esposa del hijo mayor de los Montero. Ricardo me había di
mano de una socialité en una fiesta. No, espera. Hice zoom. El mensaje
llido a otra mujer. Le había dado mi lugar. Le había dado el an
riendo, usando la bonita y vacía baratija que é