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Rostro destrozado, Venganza interminable

Capítulo 4 

Palabras:587    |    Actualizado en: 25/09/2025

ista de So

n mi estómago, enviando una onda de dolor por todo mi cuerpo. Me dob

voz goteando desprecio-. No es "mi niño". Es

rmano! ¡Te juro que es mi hermano! Haré lo que sea. Dejaré a Alejandro

do y desquiciado que reson

permiso para tenerlo? Es

ador. Me derrumbé de lado, mi cuerpo un nudo de agonía. A través de una neblina de dolor, pude ver a Fede y sus amigos

antarme, arrastrarme hacia Leo, hacer algo, cualquier cosa.

n instintivamente al

sentí

olo un frío profundo y aterrador que no te

o

n grito silencio

, no,

sador en mis costillas, el mareo que hacía girar el mundo. Mis manos temblorosas

a

ezando, negociando con un Dios en e

enc

e había latido al compás del mío

e hab

ba m

e había despojado de mi ropa y mi dignida

s y se lo llevó el viento. La Sofía que amaba, esperaba y suplicaba pied

ra un zumbido distante, sin importancia. Mis movim

ta y enfrenté

lí la hizo dar un paso atrás. La sonrisa engreída y triunfante

Desprovista de toda emoción. Ni siquie

blando? -tartamudeó, su

aso hac

una as

illó, su voz a

mundo era su rostro, el rostro de la mujer que había robado l

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Rostro destrozado, Venganza interminable
Rostro destrozado, Venganza interminable
“Mi hermanito de diez años se moría por la picadura de una abeja, el aire se le atoraba en la garganta. Yo estaba paralizada por el pánico, pero sentí que el alma me volvía al cuerpo cuando llegó la ambulancia. La ayuda estaba aquí. Pero la paramédico no miraba a mi hermano. Tenía la vista clavada en el reloj de mi muñeca, un regalo de mi prometido, Alejandro. Cuando le dije su nombre, su máscara de profesionalismo se hizo añicos. -Alejandro es mi hombre -escupió con veneno. Era su exnovia psicópata. Cerró de una patada su maletín médico y dejó que mi hermano muriera sobre el pasto, llamándolo "bastardo". Luego, ella y su hermano me molieron a golpes hasta dejarme inconsciente. Desperté atada a una mesa de operaciones. Con un bisturí en la mano, susurró: -Después de que termine, ¿crees que él todavía querrá mirar esta cara? Me destrozó la cara y luego, con una satisfacción escalofriante, destruyó mi capacidad de tener hijos, asegurándose de que nunca pudiera darle a Alejandro la familia que ella creía que le pertenecía solo a ella. Me lo quitó todo: mi hermano, mi cara, mi futuro. Todo por un delirio. Cuando Alejandro finalmente irrumpió en la habitación, no reconoció el desastre sangriento sobre la mesa hasta que vio una pequeña cicatriz junto a mi ojo. El hombre que amaba se desvaneció, reemplazado por algo frío e implacable. Me miró a mí, luego a ella, y supe que la ley nunca sería suficiente. Nuestra venganza sería absoluta.”
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