“Para el público, Arabella era la leal secretaria de Owen que atendía todas sus necesidades y servía como la principal donante de sangre de su amada, quien estaba en coma. Detrás de puertas cerradas, ella era la esposa sumisa del hombre. Arabella era callada y obediente, y soportaba cada humillación sin protestar. Se rumoraba que Owen estaba obsesionado con la limpieza, y había arrojado al río a la última mujer que había osado besarlo. Sin embargo, acorraló a Arabella contra la pared y exigió: "¡Dame un hijo y te dejaré libre!". Arabella lo apartó y dedicándole una sonrisa helada, replicó: "¡No eres digno!".”