“Siete años después, Eileen y Greg volvieron a encontrarse. Ella había pasado de 75 a 45 kilos, cambió de nombre y de identidad, tanto que su exmarido no la reconoció en absoluto. Greg, gravemente enfermo, necesitaba de su sangre para sobrevivir. Eileen rechazó la recompensa millonaria y puso una sola condición: que Greg se hiciera pasar por el papá de su hija Lottie durante un mes. Él aceptó sin dudarlo. Sin embargo, pronto volvió a faltar a sus promesas: no apareció en el parque de diversiones, tampoco en la competencia escolar de padres e hijos, donde Lottie terminó siendo objeto de burlas por presumir de un padre que nunca llegaba. Cuando Eileen lo enfrentó, él le arrojó un cheque con desprecio: "Lottie no es mi hija. Solo somos una pareja temporal, no juegues con esas tácticas baratas". Lo que Greg no sabía era que la pequeña sí era su hija. Para Eileen, quizá no era malo que él lo ignorara. Una vez terminada la cirugía, planeaba marcharse para siempre con su niña.”