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Recuperando Mi Vida Robada

Recuperando Mi Vida Robada

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Capítulo 1 

Palabras:1942    |    Actualizado en: 31/07/2025

es. Lo último que recordaba era haber empujado a mi esposo, Diego, par

unción expedida hacía dos años. Los nombres de mis padres estaban en ella. Y luego

la mujer que causó el accidente, viviendo allí. Besó a Diego, con una naturalidad que dolía. Mi hijo, Emil

mi vida, con la mujer que me lo había robado todo. Mi propio hijo, el niño que llevé en mi vientre y

Mi despertar no fue un milagro; fue una molestia. Lo había per

nueva identidad. Una nueva vida. Catalina G

ítu

y persistente que se había instalado en lo más profundo de sus hues

ión del hospital se enfocó lent

octores dijeron q

era el chirrido de las llantas y el empujón violento que le

equeña y cálida ancla en el mar con

Mis padres, Alba y Genaro, también estaban allí, sosteniendo mis manos y agradeciendo a Dios. Mi hijo

rrecto. Doloros

semana después. Necesitaba reactivar mi celular, actua

andadera que el hospital me había proporcionado. La mu

ceño. "¿Cat

voz todavía ron

ema con su expediente". La voz d

a? ¿Qué tipo

a. "Dice aquí... dice q

o. "¿Fallecida? Eso es imposi

loroso la pantalla. "Hay un acta de

or. Tenía que ser una pesadilla burocrática, u

ración en mi rostro, giró a re

ento oficial. Catali

do un ritmo frenético contra mis costillas. Ento

o Garza. Los nomb

bían declarado muerta. El mundo se inclinó, las luces fluoresc

a firma final, la que conf

Eliz

salvado. El hombre cuya vida

i cerebro. El mundo se silenció. El parloteo preocupado de la empleada, el zumbido d

tendió desde mi pecho hacia afuera, congelando

dillas, pidiéndome matrimonio bajo un cielo lleno

ometido, su voz densa de emoción. "No

un proyecto que me habría consolidado como una leyenda en el mundo de la tecnología. La empresa de Diego

lantes. La decisión desinteresada e inst

sto. Para s

del otro vehículo, una mujer llamada Angélica Herrera, también resultó herida pero se rec

ignificaba nada para mí entonces

darme, sonó. Su nombre brilló en la

Su voz era un río de preocupación suave y ensayada. La misma voz que había usado durante ci

nto de devoción para que el mundo lo viera,

razó. Su abrazo se sintió como una jaula.

real. Todo se h

onyugal, sino a la extensa hacienda de los Elizondo donde Di

esde el

er estaba con él, de espaldas a mí. La m

a misma complexión, un rostro tan sorprendentement

casual, familiar. Él no se apartó. Pasó un

pó de mis labios f

Sus ojos se abrieron con pánico cuando

palabras rasgando mi garganta. "Está

Las excusas salieron a trompicones, torpes y patéticas. Corrió a mi

su rostro un cuadro de angustia. "Haré lo que s

por un mensaje de pánico de Diego. Emil

lizador pero firme. "Diego ha pasado por mucho. Ang

gó mi padre. "Tienes

unido de presión silencios

una pequeña y tonta parte de mí quiso creerles. Es

piro tembloroso y a

mana después, Angéli

ente, como si hablara con una niña. "No podem

ndo fui a casa de mis padres, buscando

sa del comedor. Angélica estaba allí, sentada entre mis pa

élica. Me vio parada en la puerta y su ro

ió, su voz aguda y cruel. "No la

ueño y acusador a Angé

dijo nada. Solo se quedó allí,

Fuimos nosotros quienes animamos a Diego a seguir adelante. Angél

ndo?", mi voz era

re, Genaro, carraspeando, "si pudieran apren

que por un momento, pensé que estaba alucinando. Querían que compartiera

silencio. Su silen

gritó Emilio, su carita

de mi esposo, el expectante de mis padres, la sonrisa triunfante en

u nueva y feliz vida. Mi despertar no habí

perdido todo. Mi esposo, mi hijo

sin decir una palabra. Me subí a mi c

Un número desco

té. "¿

y Kael. Ka

llante, mi amigo. El que me había dicho

", su

ahora soy socio en una firma en Zúrich. Necesitamos a alguien para dirigir nuestra nueva división de

entidad. Una

La casa que acababa de dejar

mi carrera, lo único que era verdaderamente mí

y dura por primera vez

llamas detrás de mí. A partir de ahora, Catalina

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Recuperando Mi Vida Robada
Recuperando Mi Vida Robada
“Desperté después de cinco años en coma. Un milagro, dijeron los doctores. Lo último que recordaba era haber empujado a mi esposo, Diego, para quitarlo del camino de un camión que venía a toda velocidad. Lo salvé. Pero una semana después, en la oficina del Registro Civil, descubrí un acta de defunción expedida hacía dos años. Los nombres de mis padres estaban en ella. Y luego, la firma de Diego. Mi esposo, el hombre al que salvé, me había declarado muerta. El shock se convirtió en un vacío helado. Regresé a nuestra casa, solo para encontrar a Angélica Herrera, la mujer que causó el accidente, viviendo allí. Besó a Diego, con una naturalidad que dolía. Mi hijo, Emilio, la llamaba "mami". Mis padres, Alba y Genaro, la defendían, diciendo que ya era "parte de la familia". Querían que perdonara, que olvidara, que entendiera. Querían que compartiera a mi esposo, a mi hijo, mi vida, con la mujer que me lo había robado todo. Mi propio hijo, el niño que llevé en mi vientre y amé con toda mi alma, gritó: "¡Quiero que se vaya! ¡Lárgate! ¡Esa es mi mami!", señalando a Angélica. Yo era una extraña, un fantasma rondando su nueva y feliz vida. Mi despertar no fue un milagro; fue una molestia. Lo había perdido todo: mi esposo, mi hijo, mis padres, mi propia identidad. Pero entonces, una llamada desde Zúrich. Una nueva identidad. Una nueva vida. Catalina Garza estaba muerta. Y yo viviría solo para mí.”
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