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Recuperando Mi Vida Robada

Capítulo 4 

Palabras:672    |    Actualizado en: 31/07/2025

padres, en su propia fiesta de cumpleaños, le or

s conflictivas. Por una fracción de segundo,

leaños". Hizo un gesto a un mesero. "Por favor, acompañe a mis

evoto. Escogió la comida que a ella le gustaba, recordando que no comía c

minó el cielo sobre la ciudad. Explosiones rojas, doradas y azules florecieron en l

ioso, romántico y

és de la fiesta, diciéndole a todos: "Mi t

sonó su celular. Miró la panta

vimento. Giró bruscamente el volante, haciendo una

ndo?", preguntó C

jo, la mentira torpe y delgada. "Tengo que

iró, su mirada

sus ojos. "Es... es un problem

e en la banqueta bajo el pálido resplandor de un farol. Sabía exact

iluminó su propio celular. Era de un invest

mando que va a saltar. Parece ser un

dad, dejándola en una nube de humo. Un m

o es una verdadera emergenci

o resp

un taxi. "Sig

to junto a la zona industrial del puerto. Catalina

ensa de lágrimas falsas. "Hice el ridículo en la f

iego era suave, persuasiva.

sonido de un beso,

na...", murm

ego. "Esta noch

vemente. El sonido de risitas ahogadas y suav

spirar. Recordó a un Diego más joven, un chico que se sonrojaba si le sostenía

mbre que podía declarar su amor eterno con fuegos artificiales y

con la mujer que la había puesto en coma, en

mpió. Fue metódica y sis

avés de su delgado vestido, pero no

do de su pasión un ritmo nauseabundo

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Recuperando Mi Vida Robada
Recuperando Mi Vida Robada
“Desperté después de cinco años en coma. Un milagro, dijeron los doctores. Lo último que recordaba era haber empujado a mi esposo, Diego, para quitarlo del camino de un camión que venía a toda velocidad. Lo salvé. Pero una semana después, en la oficina del Registro Civil, descubrí un acta de defunción expedida hacía dos años. Los nombres de mis padres estaban en ella. Y luego, la firma de Diego. Mi esposo, el hombre al que salvé, me había declarado muerta. El shock se convirtió en un vacío helado. Regresé a nuestra casa, solo para encontrar a Angélica Herrera, la mujer que causó el accidente, viviendo allí. Besó a Diego, con una naturalidad que dolía. Mi hijo, Emilio, la llamaba "mami". Mis padres, Alba y Genaro, la defendían, diciendo que ya era "parte de la familia". Querían que perdonara, que olvidara, que entendiera. Querían que compartiera a mi esposo, a mi hijo, mi vida, con la mujer que me lo había robado todo. Mi propio hijo, el niño que llevé en mi vientre y amé con toda mi alma, gritó: "¡Quiero que se vaya! ¡Lárgate! ¡Esa es mi mami!", señalando a Angélica. Yo era una extraña, un fantasma rondando su nueva y feliz vida. Mi despertar no fue un milagro; fue una molestia. Lo había perdido todo: mi esposo, mi hijo, mis padres, mi propia identidad. Pero entonces, una llamada desde Zúrich. Una nueva identidad. Una nueva vida. Catalina Garza estaba muerta. Y yo viviría solo para mí.”