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La Venganza de una Madre: Amor Perdido

Capítulo 3 

Palabras:479    |    Actualizado en: 18/07/2025

de rabia. "¿También te dio uno a ti?

e, perdida en su propio delirio paranoico. Por

diendo con una luz aterradora. Sacó su propio

al San José. Ahora. Tengo un prob

. Una nueva ola de miedo me

or mi rostro. "Mi hijo... Tadeo... no puede res

ar. Una de las enfermeras mayores dio un paso adelante.

artha, a menos que quieras pasarte el resto de tu carrera

ostro lleno de una mezcla de miedo y lástima. Na

e Tadeo contra mi pecho. Mi dignidad había desaparecido.

r favor. Solo consígale el antídoto. Me ir

risa lenta y cruel extendiéndose por

iado tarde para eso. Él me lastimó.

nto de muñeca. "Y este pequeñ

golpearon como

enalina atravesando mi miedo. "¡Es el hermano de D

mi bolso derramado de nuevo, haciendo que mi identificación se deslizar

ler se abrió paso por las puertas de la sala de espera. Te

te a su hermana. "¿C

amente cuidado. "Ella. Ella y su peq

una expresió

¿verdad? De acuerdo. Quiero que te arrodilles. Justo aquí. Pide perdón por inte

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La Venganza de una Madre: Amor Perdido
La Venganza de una Madre: Amor Perdido
“El dolor agudo en la pierna de mi hijo Tadeo fue el comienzo de todo. Una mordedura de serpiente. Corrí con él al Hospital San José, donde mi hijo mayor, Daniel, trabajaba como médico de urgencias. Él salvaría a su hermanito. Pero en el momento en que irrumpí en la sala de emergencias, derrumbándome con Tadeo inerte en mis brazos, una enfermera rubia llamada Andrea Jiménez, la novia de Daniel, se volvió contra mí. Respondió a mi súplica desesperada de ayuda con una negativa helada, exigiéndome que llenara unos formularios. Cuando le rogué que buscara a Daniel, su mirada se endureció. Me empujó, siseando: "Fórmese como todo el mundo". Se burló de mis afirmaciones de ser la madre de Daniel, despreciando a Tadeo como un "mocoso", incluso amenazando con dejarlo morir. Me robó el celular y lo estrelló contra el suelo cuando vio el dije de plata de un gorrión -idéntico al suyo- en mi llavero, gritando que Daniel era un "infiel de mierda". Andrea incluso llamó a su hermano Kevin, un bruto, para que se encargara de mí. Otras enfermeras y pacientes nos miraban fijamente, pero no hicieron nada mientras Andrea, ignorando la respiración agonizante de Tadeo, se deleitaba con mi angustia. Pateó mi bolso volcado, esparciendo mi identificación, y se mofó de mis súplicas desesperadas. Exigió que me arrodillara, que inclinara la cabeza y suplicara su perdón, mientras filmaba mi humillación con su teléfono. Cuando los labios de Tadeo se pusieron azules, me tragué mi orgullo, presioné la frente contra el frío suelo y susurré: "Lo siento. Por favor... ayude a mi hijo". Pero ni siquiera eso fue suficiente para ese monstruo. Exigió que me abofeteara, diez veces. Fue entonces, mientras levantaba la mano, que vi a Tadeo. Inmóvil. Silencioso. Se había ido. Mi hijo estaba muerto. Y en ese instante, toda mi humillación, todo mi miedo, se consumió, reemplazado por una furia volcánica, al rojo vivo.”
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