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El Duelo del Alma

Capítulo 3 

Palabras:686    |    Actualizado en: 09/07/2025

zo en el estómago. Me vi a mí misma, sola y rota, después de ser expulsada de la academia. Lo había llamado, buscando consuelo, buscando al hombre que me había prometido es

semana después de que el mío

r vacilación que pudiera haber quedado en m

ano y le di

dejando a todos en un silencio absoluto. Incluso I

Me miró con una incredulidad total, como si

z baja y peligrosa, "

o compromiso? ¿Nuestra reputación? No te equivoques, Marco. Tú estás aquí, en esta academia, gracias a tu relación conmig

credulidad a la rabia.

nos observaba. Mi voz se elevó, clara y autoritaria. "Y me atrevo a hacer cumplir las regl

abella, que seguía esc

ón," declaré, citando un estatuto que todos conocían pero que rara vez se invocaba con tanta seriedad. "El castigo no es una simple

ersonal a un crimen capital dentro de nuestro mundo. La palabra "expul

e," añadí, mirando directamente a Marco, "será consid

tros mostrando un miedo palpable. Nadie se atrevía a desafiar el código de la academia, no cuando la matriarca, Doña Elvira, er

nía el cont

ar tu bolso aquí mismo, delante de todos. Y luego, te arrodillarás y pedi

"¡Sofía, esto es una locu

lo hago," resp

a cumplir mi orden, a la fuerza si era necesario. Estaba a

É CREES QUE ES

con una furia que helaba la sangre. Era mi tío Alejandro, el padre de Isabella, un hombre con pode

uego una vez más. El aire se llen

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El Duelo del Alma
El Duelo del Alma
“El frío de la habitación me golpeaba el rostro, un recordatorio gélido de mi último aliento en esa otra vida, la que acababa de terminar. El dolor en mi pecho no era físico, era el peso de la traición de mi propia sangre, mi prima Isabella. Su sonrisa triunfante, la expulsión, la falsa acusación, el honor robado por el diseño de mi abuela... todo se repetía como una pesadilla interminable. Caí en la oscuridad, el fin. Pero reabrí los ojos, el corazón como un tambor. La luz solar en mi viejo cuarto de la academia, la fecha del concurso. No estaba muerta, había regresado. Al instante previo de la catástrofe. Los recuerdos inundaron mi mente: los ojos de serpiente de Isabella, la espalda de Marco, la soledad y desesperación. ¿Cómo pudieron esos a quienes amaba y confiaba, destruirme tan fríamente? En mi vieja vida, ¿fui tan ingenua, tan ciega, para no ver la manipulación, el veneno disfrazado de miel? Esta vez, no. Esta vez, el conocimiento es mi arma y el dolor mi combustible. La puerta se abrió suavemente. ¡Ahí estaba ella, Isabella, con la misma sonrisa falsa, la bandeja de té y la mirada codiciosa! Se acercaba a mi escritorio, a mi boceto. Pero esta vez, la ingenua Sofía había muerto. No permitiré que este destino se repita. Se acabó el juego. La venganza es un plato que se sirve frío, y yo tengo un banquete esperando.”
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