icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

La Esposa Infiel: Precio del Engaño

Capítulo 3 

Palabras:611    |    Actualizado en: 09/07/2025

Laura finalm

Un maldito monstruo sin alma! ¡Si Manuel muere, te juro que me divorcio de ti! ¡No p

iraba con una mezcla

nada. Sé que amas a ese niño. Lo he visto en tus ojos. Le compraste ese pony que tanto quería, aunque Laura decía que era un capr

hijo. Cada recuerdo feliz ahora estaba teñido de una amarga ironía. Cada risa,

manipulación, se acercó

la quité de encima con un gesto brusco. "Hago este sacrificio por la familia.

os ojos, con todo el des

o de Manuel lo rechaza? ¿O si la enfermedad regresa? Habrás perdido un riñón y yo habré perd

las manos al pecho, con una exp

cocodrilo. "¡Hablar de la vida de un niño como si fuera una transacción c

unió al coro

tó. "¡Eres peor que un animal!

te, su rostro una mezcl

é te pasa? ¿Hay algo que no me estás diciendo? Por favor, dímelo. Lo qu

os allí mismo. Pero aún no era el momento. Mi plan necesitaba más tiem

equeño préstamo y la convertí en un éxito a base de sudor y noches sin dormir. Tenía más dinero del que podría gastar en varias vidas. Podría darle a Eduardo lo qu

es peor que un final rápido. El tratamiento será una tort

oz temblando de incredulidad. "

respondí. "A veces, el mejor c

Obtenga su bonus en la App

Abrir
La Esposa Infiel: Precio del Engaño
La Esposa Infiel: Precio del Engaño
“El aire del hospital se hizo pesado la noche en que el doctor nos dio la noticia: "La insuficiencia renal de Manuel es terminal. Necesita un trasplante". Mi hijo, de apenas seis años, se debatía entre la vida y la muerte. La única esperanza era mi hermano menor, Eduardo. Pero el alivio duró poco. Nos citó a mi padre y a mí: "Claro que lo haré, es mi sobrino. Pero tenemos que hablar de la compensación. Quiero dos casas a mi nombre. Diez millones de pesos en efectivo. Y el veinte por ciento de las acciones de tu empresa". Ante su descarada extorsión, mi respuesta fue firme: "No". Mi esposa, Laura, me miraba con horror. "Ricardo, ¿escuchaste lo que dijo el doctor? ¡Manuel se está muriendo!" Mi padre, David, me condenó: "¡Avaro! ¡No puedo creer que seas mi hijo! ¡Siempre has sido un egoísta sin corazón!". Mi madrastra, Carmen, añadía leña al fuego con falsa preocupación. La escena era un circo, y yo el monstruo. La presión se intensificó. Laura se arrodilló ante Eduardo, suplicando: "Te serviré como una esclava por el resto de mi vida, pero por favor, no dejes que muera". Mi padre me amenazó con desheredarme. Laura, desesperada, me sacudió: "¡Es dinero! ¡Puedes ganar más dinero! ¡Pero no puedes recuperar a Manuel! ¡Es nuestro hijo!". Todos mis seres queridos se unieron en un coro para forzarme. La enfermera me pidió el pago de la diálisis y un depósito. Ante los ojos de todos, arrugué la factura y la dejé caer. "No". La bofetada de Laura resonó en el pasillo, su voz hueca anunciaba el divorcio. Con frialdad, bloqueé el dinero de Laura y le arrebaté su última tarjeta de débito: "Ni un centavo mío se gastará en esto". La multitud me juzgaba, llamándome monstruo desalmado por negarme a pagar y arruinar a mi esposa. La desesperación de Laura llegó a su clímax. Eduardo soltó su bomba: "¿Será que el niño no es tuyo? ¿Quizás por eso no te importa?". Laura, entre lágrimas, se arrodilló ante mí, suplicando piedad. La gente gritaba y un hombre corpulento me sujetó. Pero en medio del caos, Laura logró tomar su tarjeta, pagó, y yo solté la verdad: "Manuel no es mi hijo. Y tampoco es tuyo". El campo de batalla estaba listo.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10