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Secuestro de Amor Inesperado

Capítulo 1 

Palabras:683    |    Actualizado en: 09/07/2025

o, o al menos eso p

scate, pagar el tratamien

n la única silla de mi cabaña ruinosa,

lmente

tequila, Don Ricardo del Castillo. Lo sabía porque pasé

iódico o revista de chismes mencio

a manera lind

de ve

ras y ya había intentad

rle un trapo en la boca, y ella me miró con unos ojos que no eran de miedo,

y la detuve, mi rodilla mala gritando de dolor. Ella se desplomó en mis bra

e las cuerdas que le ataban las muñecas, como si q

grité, mi voz sonando más

inchados y un trozo de fibra d

n una calma espeluznante. "Si me muero, n

itaba "¡El Lobo! ¡El Lobo!". Era fuerte, era rápido. Ahora solo era un hombre corpu

scientos cincu

vivir comiendo frijol

mi herma

dentro, poco a poco. Los doctores dijeron que había un tratamiento nuevo, uno caro. Tres

vertido en un secuestrador de primera, con una víctima que pa

lemente hermosa. Tenía el pelo largo y negro como la noche, la piel blanca y unos ojos enormes y oscuros que parecían co

r rudo, como un verdadero secues

te y me miró. Una pequeña so

preguntó con la misma naturalida

edé h

e", respondí, mi

Sería un fav

", espeté, más para conven

acia adelante tanto como las cuerdas se lo permitían. "Entonces, si quieres el dinero

aché hasta que nuestros rostros quedaron a centímetros de

s conmigo,

no pa

o", susurró. "Es

Sofía del Castillo había sido el peor

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Secuestro de Amor Inesperado
Secuestro de Amor Inesperado
“Mi plan era sencillo: secuestrarla, cobrar el rescate para salvar a mi hermana Lupita, y desaparecer. Pero Sofía del Castillo, la hija del rey del tequila, resultó ser la víctima más extraña y desesperante que uno pudiera imaginar. En seis horas, intentó suicidarse tres veces, y luego, con una calma espeluznante, sugerir que si moría, me facilitaría el trabajo. Lo que no sabía es que la policía me identificó como "El Chacal", un asesino a sangre fría buscado por crímenes que jamás cometí. El pánico me paralizó, y yo, Miguel "El Lobo" Ramírez, el secuestrador, me encontré llorando a los pies de mi rehén. Ella se rió. "Eres un pésimo secuestrador, Lobo". Pero en medio de mi desesperación, Sofía me confesó su propia batalla: "Tengo una enfermedad, Miguel. Trastorno límite de la personalidad. A veces, el mundo se siente... demasiado." Decido confiar en ella, liberándola de sus ataduras, solo para descubrir que pudo haberse librado en cualquier momento. Nuestro "secuestro" se convirtió en una extraña alianza, que me llevó al hospital para ver a Lupita, solo para regresar a la cabaña y encontrar a Sofía con mi mochila azul, llena de ropa y pato confitado. "Fui a mi casa", dijo con la mayor naturalidad. "¿Ya te ibas?". El verdadero "Chacal", el asesino que la policía cree que soy yo, la secuestró, atrapándonos a Sofía, al Dr. Vargas, y a mí. Pero en la oscuridad, Sofía usó un pasador de pelo para liberarse, y luego nos liberó a nosotros, escapando bajo una lluvia de balas. Cuando la policía nos rodeó, con Sofía herida en mis brazos, lo que dijo me dejó sin aliento: "Él es mi novio. Estábamos... jugando". Así, lo que empezó como un plan desesperado por salvar a mi hermana, nos llevó a un caos inesperado, donde una víctima "loca" y un secuestrador "torpe" encontramos un extraño consuelo y un nuevo comienzo.”
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