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Más Allá del Manuscrito

Capítulo 2 

Palabras:589    |    Actualizado en: 09/07/2025

lemente dio media vuelta y salió, dejándome sola con el

d dormía, pero mi departamento era

ra bajo el agua. El agotamiento era físico. Me dolía la espal

por una escoba

a un pedazo de mis propias esperanzas rotas. Lo hacía en silencio, metódicamente, porque er

recogía. Era una dinámica no escrita en nuestra rela

on tres golpes se

un vuelco. ¿Sería Mateo, de vuelta

¿Hija, est

no de al lado. Un señor de unos setenta años, viudo,

uerta con

pero su ceño estaba fruncido. Su mirada

, dijo, su voz baja. "Y luego gri

bía suavizado al verme. Vio el pequeño cort

una sonrisa que se sintió como una mueca. "Se

s sabios vieron a travé

que tocar mi puerta. A la hora que sea, ¿enti

e estaba pasando y me ofrecía una salida. Una parte de mí quería gritar, llorar y acep

que había sido condicion

gracias, Don Carlos. S

mezcla de triste

igue en pie. No tienes que agua

. Le di las gracias de nuevo

ada de vergüenza. ¿Por qué no había aceptado

ecieron de nuevo, esta

rado el viejo. Las parej

nto fuerte porque es un artista

lo empeoraría las cosas. Un hombre como Mateo

lacable, defendiendo lo indefendible, normalizando el a

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Más Allá del Manuscrito
“La puerta se cerró con un portazo violento, resonando en nuestro pequeño departamento, mientras los gritos de Mateo estallaban: "¡Estoy harto de tus putos dramas, Sofía! ¡Harto!" . Yo me quedé inmóvil, el corazón desbocado por un agotamiento que me calaba los huesos, observando cómo aquellas molestas letras doradas aparecían frente a mí, defendiéndolo como siempre: "Vamos, el chico solo está un poco estresado". Esa noche, la farsa se desmoronó cuando, por negarme a pagarle una guitarra que costaba tres meses de mi sueldo mientras no teníamos para el alquiler, Mateo destrozó el jarrón de la abuela, con un cristal rozándome la mejilla. Horas después, la voz preocupada de mi vecino Don Carlos se hizo oír, ofreciéndome ayuda y la posibilidad de llamar a la policía al ver mi corte, una oferta que rechacé por inercia, mientras el coro dorado justificaba la agresión: "Las parejas discuten, es normal". Con el corazón roto, caí en cuenta: éramos personajes de una novela barata, él el genio atormentado, yo la musa sufrida, y cada humillación, un "giro de trama" hacia su éxito. La mañana siguiente, la cruel ironía se grabó en mi piel: Mateo me había engañado con mi prima Isabella en un lujoso hotel, pagado con mi propio dinero. El guion en mi mente entró en pánico, pero una furia fría me consumió: "Se acabó. Saca tus cosas. Ya pagué la suite, considéralo mi regalo de despedida". La guerra comenzó. Familia y amigos se volcaron en su defensa, mi propia madre me abofeteó por contradecirlo, y mi jefe me despidió porque, según Mateo, yo "no estaba bien mentalmente". Lloré bajo la lluvia, sin dinero, sin trabajo, sin nadie, acorralada por el guion que me había quitado todo, hasta que en la profunda desesperación, la voz del "autor" , el Dr. Ramírez, se reveló: "Tú no tienes una vida, Sofía. Eres un personaje. Tu sufrimiento lo engrandece" . A pesar del dolor que me infligió para someterme, le juré: "Soy un cactus, imbécil. Y voy a sobrevivir a tu puto desierto" .”
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