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Perdón Negado, Destino Cruel

Capítulo 3 

Palabras:528    |    Actualizado en: 09/07/2025

ció el rostro sonriente de Sofía, estaba en lo que parecía la suite de

n, "¿interrumpo tu duelo? Espero que no esté

una risa hueca

imitó a mirarla, su rostro

que entenderlo, fue una inversión, Dulce nos dio el impulso que necesitábamos, su sacrifi

tan monstruosa, que Armando

sesinato de su hija como si f

a tu hij

sin dudar, como si fuera la explicación más lógica del mundo, "

ono se volv

e mi abuela, lloriqueando para sacarle dinero, siempre has sido un a

creíble, estaba proyectando su pr

hemos decidido darte una pequeña compensación por tus... servicios paternales, digamos, un millón de pesos,

le por dentro, le estaba ofreciendo

d brutal, la vio en los brazos de Javier, su pequeño pecho subiendo y bajand

ión, el momento exacto en que

apoyarse en la pared para no caer, el dolor er

Sofía lo miraba

aceptar o te vas

ra vez la escena en su mente, el cuchillo, la sa

erpecito de Dulce se quedó completamente inmóvil, un s

había ido,

a voz que no parecía la suya, una voz que venía de la

N

ó la l

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Perdón Negado, Destino Cruel
Perdón Negado, Destino Cruel
“El aire en la habitación era denso, olía a copal quemado y a miedo. Armando del Río, un curandero tradicional, vio con horror cómo su pequeña hija Dulce era sacrificada en un ritual macabro. Su esposa Sofía, la madre de la niña, y su amante Javier, observaban con codicia, mientras extraían los órganos vitales de Dulce. Él estaba inmovilizado, forzado a presenciar la atrocidad sin poder intervenir, sintiendo cada punzada en el cuerpo de su hija como si fuera en el suyo. La "purificación", insistía Sofía, era por el bien de la niña, pero todo lo que él veía era pura profanación. Ella justificó la carnicería como una "inversión" para su fortuna, ofreciéndole dinero como compensación por la vida de su propia hija. El insulto fue más doloroso que la propia muerte. La humillación pública, la burla de Sofía en la habitación de Dulce, usando los juguetes de su hija muerta de forma obscena, fue la gota que derramó el vaso. «¡Se acabó, Sofía!», le dijo con voz helada. Decidido a romper con esa pesadilla, Armando se propuso divorciarse y exponer la maldición de ambición que consumía a la familia de su esposa, incluso si eso significaba desenterrar secretos devastadores.”
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