icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

Engaño y traición: su dulce castigo

Capítulo 2 

Palabras:892    |    Actualizado en: 09/07/2025

icardo la despidió con un beso rápido en la puerta, un gesto de un hombre que se deshace de un inconveniente temporal a

as de vino, ahuecó los cojines del sofá donde Lucía había estado recostada y roció un poco de ambientado

jó que sonara tres veces antes de contestar, esfo

, su tono cargado de una preocupación tan

spertar", respondió ella,

bien la tía? Te extraño muchísimo,

a verdad que ella ahora conocía. Sofía se obligó a mantener

un poco cansada. T

otel, sintiendo un vacío inmenso. La mujer que había amado a Ricardo estaba muerta, asesinada la noche anterior

un abrazo y un torrente de cuidados. La llevó en brazos desde el coche hasta

o", le susurró, mirándola a lo

visto su repugnante teatro. Pero se contuvo. La venganza, se dijo a sí misma, no era un ar

, como si intentara compensar una culpa que creía secreta. Una noche, mientras veían u

sando mucho en nosotr

razón latiendo con

uó, su voz temblaba con una emoción fingida. "¿Qué pensarías si... si adoptáramo

bando, midiendo su reacción, preparando el terreno para el niño de Lucía.

ión en sus ojos, la ligera tensión en su mandíbula. Estaba esperando qu

mirada y se encogió de hombros, u

segura de estar preparada p

ero lo suficientemente fría como para desconcertarlo. Vio una sombra de frustr

te tu tiempo. Solo quería que supie

zó en su mejilla. Él no insistió, pero Sofía sintió su creciente impaciencia. S

cama. De pie, en la oscuridad de su habitación, sintió el poder regresar a sus piernas, una f

modas de París. El contrato estaba adjunto. También había un correo de una agencia de reub

rsa un poco más. Imprimió el contrato en silencio, lo firmó con una mano firme y luego

a y amarga sonrisa. Ricardo creía que la tenía atrapada en una silla de ruedas, depend

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Engaño y traición: su dulce castigo
Engaño y traición: su dulce castigo
“Mi dedo se deslizó sobre la tablet, diseñando un vestido de noche, pero mi mente estaba lejos. Sentía una mirada fría, invisible, persiguiéndome. Ricardo, mi prometido, lo llamaba paranoia, secuelas del accidente que me dejó en silla de ruedas. Pero mi instinto me gritaba que algo andaba muy mal. En su estudio, buscando un boceto, mi mano tropezó. Debajo de una estantería, pegada con cinta negra, había una cámara diminuta. Mi respiración se cortó. No hubo grito. Solo un silencio más profundo, helado. Encontré doce en mi propia casa: ojos electrónicos que me desnudaban día y noche. La ira me invadió, congelando mi sangre. Esa noche le sonreí a Ricardo, una máscara frágil. "Mi amor, mañana pasaré el fin de semana con mi tía. Necesito un cambio de aires." Me besó la frente. Mi piel se erizó de repulsión. Pero yo no fui a casa de mi tía. Desde la ventana de un hotelucho enfrente, usé mi teléfono para monitorear sus propias cámaras. No tardó. El auto de Ricardo volvió. Una mujer alta y esbelta bajó: Lucía, una de sus modelos, la misma de sus campañas. Entró en mi casa, descalza, se dejó caer en mi sofá. El audio era nítido. "¿Estás seguro de que no volverá antes?", preguntó Lucía, su voz melosa. "Tranquila", respondió Ricardo. "La tonta se cree todo. Su paseo de inválida siempre es el mismo. Tenemos tiempo." Lucía soltó una carcajada fea. "Por favor, Ricardo, ¡una inválida como ella tardaría horas en dar una vuelta a la manzana! Apenas puede mover los brazos." "No hables así de ella, Lucía. Sofía es mi línea roja." Lucía puso los ojos en blanco. "Esa línea roja te está costando una fortuna. ¿Cuándo le vas a decir la verdad?" Ricardo se apartó, mirando la ventana. Lo que no sabía es que yo, Sofía, no era ninguna inválida. Mis piernas estaban fuertes, recuperando el poder que él me había negado, un secreto celosamente guardado. "El bebé nacerá en seis meses", susurró Ricardo. "Cuando nazca, Sofía lo adoptará. Creerá que es un acto de amor. Ella lo criará como suyo." Lucía esperaba su dinero. Mi mundo se derrumbó: no era infidelidad, era un plan macabro para robarme la vida. Yo era un instrumento, una incubadora emocional. El dolor se convirtió en rabia helada. Lo vi besar el vientre de Lucía. Busqué un número. "Bonjour, Maison Dubois." "Habla Sofía Romero", dije, mi voz firme. "Llamo para aceptar su oferta. ¿Cuándo puedo empezar?"”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10