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Engaño y traición: su dulce castigo

Capítulo 1 

Palabras:1086    |    Actualizado en: 09/07/2025

ablet, cada trazo digital era un eco de los días en que

no estaba en el diseño, no del todo, estaba en el silencio de

, una sensación helada en la nuca, como si uno

accidente que la había postrado en esa silla de ruedas. Pero Sofía sabía que no era así, s

mano tropezó con un pequeño objeto metálico pegado con cinta adhesiva negra debajo d

más profundo. Con un movimiento metódico y helado, revisó el resto de la ha

santuario, era una

ó doce cámaras, doce ojos fríos y electrónicos que la habían estado desnudando día y noche. La ira que sintió no fue ca

onrió como siempre, una sonrisa frágil que

emana con mi tía. Una de las enfermeras

frente, su toque aho

da. Lo que necesites

tió su propio teléfono en el monitor de su verdugo. Se registró en un hotelucho al otro lado de la cal

ara la esquina, el auto deportivo de Ricardo volvió a aparecer. Y no venía solo. Una mujer alta

textil de Ricardo, la misma mujer cuyas fotos ador

el sofá donde ella y Ricardo habían planeado su futuro. Desde la pantalla de su

volverá antes?", pregun

cree todo lo que le digo. Además, su paseo con la enfermera siempre es el

lona, un sonido feo que reson

álida como ella tardaría horas en dar una vuel

ardo se endureci

ella, Lucía. Sofía

s en blanco, pero

a roja te está costando una fortuna

como si pudiera sentir la mirada de Sofía desde el otro lado de la calle. L

n secreto que había guardado con un celo casi religioso, un as

e levantaba y caminaba en silencio, fo

tinuó, y cada palab

uando nazca, arreglaremos los papeles para que Sofía lo adopte. Creerá que es un acto de

e abría bajo sus pies. Un b

?", preguntó Lucía, co

irte, empezar de nuevo donde quieras. El niño se queda. Se

señada para robarle su vida, su futuro, incluso la maternidad que tanto anhelaba. La mujer en la silla

as se solidificó. La tristeza se transformó en una rabia fría y cortante. Miró la pantalla, vio a Ric

lectrónico que había guardado de hacía meses, una oferta de trabajo de una pr

l otro lado de la línea s

, Maison

astro de la mujer rota que era hace unos minutos. "L

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Engaño y traición: su dulce castigo
Engaño y traición: su dulce castigo
“Mi dedo se deslizó sobre la tablet, diseñando un vestido de noche, pero mi mente estaba lejos. Sentía una mirada fría, invisible, persiguiéndome. Ricardo, mi prometido, lo llamaba paranoia, secuelas del accidente que me dejó en silla de ruedas. Pero mi instinto me gritaba que algo andaba muy mal. En su estudio, buscando un boceto, mi mano tropezó. Debajo de una estantería, pegada con cinta negra, había una cámara diminuta. Mi respiración se cortó. No hubo grito. Solo un silencio más profundo, helado. Encontré doce en mi propia casa: ojos electrónicos que me desnudaban día y noche. La ira me invadió, congelando mi sangre. Esa noche le sonreí a Ricardo, una máscara frágil. "Mi amor, mañana pasaré el fin de semana con mi tía. Necesito un cambio de aires." Me besó la frente. Mi piel se erizó de repulsión. Pero yo no fui a casa de mi tía. Desde la ventana de un hotelucho enfrente, usé mi teléfono para monitorear sus propias cámaras. No tardó. El auto de Ricardo volvió. Una mujer alta y esbelta bajó: Lucía, una de sus modelos, la misma de sus campañas. Entró en mi casa, descalza, se dejó caer en mi sofá. El audio era nítido. "¿Estás seguro de que no volverá antes?", preguntó Lucía, su voz melosa. "Tranquila", respondió Ricardo. "La tonta se cree todo. Su paseo de inválida siempre es el mismo. Tenemos tiempo." Lucía soltó una carcajada fea. "Por favor, Ricardo, ¡una inválida como ella tardaría horas en dar una vuelta a la manzana! Apenas puede mover los brazos." "No hables así de ella, Lucía. Sofía es mi línea roja." Lucía puso los ojos en blanco. "Esa línea roja te está costando una fortuna. ¿Cuándo le vas a decir la verdad?" Ricardo se apartó, mirando la ventana. Lo que no sabía es que yo, Sofía, no era ninguna inválida. Mis piernas estaban fuertes, recuperando el poder que él me había negado, un secreto celosamente guardado. "El bebé nacerá en seis meses", susurró Ricardo. "Cuando nazca, Sofía lo adoptará. Creerá que es un acto de amor. Ella lo criará como suyo." Lucía esperaba su dinero. Mi mundo se derrumbó: no era infidelidad, era un plan macabro para robarme la vida. Yo era un instrumento, una incubadora emocional. El dolor se convirtió en rabia helada. Lo vi besar el vientre de Lucía. Busqué un número. "Bonjour, Maison Dubois." "Habla Sofía Romero", dije, mi voz firme. "Llamo para aceptar su oferta. ¿Cuándo puedo empezar?"”
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