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El Precio de un Reloj Roto

Capítulo 2 

Palabras:757    |    Actualizado en: 09/07/2025

stro, habitualmente impasible y duro como el de un magnate de los

temblor en ella. "Llamaré a mi médico personal, trasladaremos

queño cuerpo de mi hijo, en los leves temblores que lo sa

para el traslado, le mostré a mi suegro el mensaje de Mateo. Lo leyó

siseó entre dientes. "

ada. "Me lo confirmó por teléfono. Para ella, el reloj de Mate

o fuerte incluso para él. Vi en su rostro la vergüenza y la fur

Ricardo," repit

ad de cuidados intensivos. Mi suegro no se separó de mí, haciendo llamadas

ió llamar a Sofía

horas?" la voz de Sofía sonaba irritada, como

su padre, su voz controlada pe

¿Pasa algo con Ricardo? ¿Te es

o respir

os intensivos. Lo encontramos en coma e

al otro lado, tal vez frunciendo e

tá montando un escándalo para llamar mi atención. Dile que deje de

u padre pudiera

a indiferencia, era simplemente inconcebible. El señor

ico salió de la UCI. S

o es severo. Los electroshocks fueron aplicados con una frecuencia y voltaje excesivos, muy por encima d

a, el miedo

significa e

ero sus palabras fueron un martillo

elito no despierte del coma. Y si lo hace... es muy

Era el aullido de un animal herido de muerte. Estado vegetativo. Mi hijo. Mi pequeño Miguelito, que amaba

sin mente, sin alma. Le habían robado su futuro, sus sueños, su risa.

trado, un retrato de nosotros tres, sonriendo bajo un sol gigante. "Papá,

dolor insoportable me

Miguelito, n

lo del hospital, un grit

ida, toma todo lo que tengo, pero devuélveme

e lo conocía, sentí que él también lloraba. Dos hombres rot

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El Precio de un Reloj Roto
El Precio de un Reloj Roto
“El teléfono sonaba en mi mano, y un escalofrío me recorría la espalda mientras mi esposa, Sofía, finalmente contestaba, su voz distante y fría. Pregunté por nuestro hijo, Miguelito, porque no lo encontré en la escuela; su maestra dijo que ella lo había recogido hacía horas. Hubo un silencio helado del otro lado de la línea. "Lo mandé a un lugar para que lo corrijan," soltó con frialdad,"ya no soportaba su mal comportamiento... rompió el reloj de Mateo." Mateo, su amigo de la infancia, el motivo por el que Sofía me había estado ignorando durante meses. Grité, perdiendo el control, "¿De qué hablas? ¡Es un niño de seis años! ¡Fue un accidente! ¡No puedes enviarlo a un 'lugar de corrección' por un reloj!" Ella me cortó, su voz dura como el acero: "No te lo voy a decir... Deja de molestarme, estoy con Mateo." Acto seguido, colgó, dejándome en un infierno de pánico y traición, la mujer que amaba, la madre de mi hijo, lo había desechado por un capricho. Corrí al coche, mis manos temblaban, llamando su teléfono una y otra vez, pero solo me enviaba al buzón de voz. De repente, mi teléfono vibró: "Colegio Disciplinario Sol Naciente". Y debajo, una frase que me destrozó el alma: "Felicidades, papá. Sofía está embarazada. Es una niña, y yo soy el padre. Atentamente, Mateo." El mundo se detuvo. La traición me aplastó, no solo me había engañado y desechado a nuestro hijo, sino que formaba una nueva familia con mi supuesto amigo. Llegué al "Colegio Disciplinario", un edificio gris y ominoso que parecía una prisión, empujé a un guardia, grité el nombre de mi hijo. Lo encontré en una habitación blanca, pálido, inmóvil, con cables pegados a su cabeza y espasmos violentos: estaba en coma, inducido por electroshocks. Caí de rodillas, el dolor me partía el corazón, acunando su manita fría, mi pequeño artista atrapado en la oscuridad. Mi suegro, el padre de Sofía, apareció, su rostro mostrando profunda preocupación. "Señor," mi voz era un susurro roto, "Quiero el divorcio. Y me llevaré a mi hijo. No permitiré que esa mujer se le vuelva a acercar. Nunca más."”
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