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El Precio de un Reloj Roto

Capítulo 3 

Palabras:716    |    Actualizado en: 09/07/2025

sala de espera donde había pasado la noche en vela.

egó una

os gastos médicos de Miguelito, por el resto de su vida s

ya los había firmado. La fecha de la firma era de una semana antes. Lo había planeado todo. Y

," continuó mi suegro, evitando mi mirada. "Lo sien

ía vacío, como un autómata. Salí del hospital, necesitaba aire, ne

la vuelta en la esquina. El golpe no fue fuerte, pero me tiró al sue

al del que acababa de salir. Me sentaron en una silla de ruedas en la sala de emergencias, con

nces,

pa de diseñador y su aire de superioridad intact

acia un hombre que estaba sentado en una camilla a u

él.

ó en sus labios. Sofía siguió su mirada y su

ercándose a mí con paso lento. "¿Ahora te haces el heri

er creer el nive

fía. En el piso de arriba

Una risa fr

uya para que vuelva contigo. Pero ya es tarde, Ricardo. Tienes que entender tu lugar. Yo soy una Garc

olpe. Cada sílaba est

nca me había dedicado a mí. "Tiene una competencia importante la próxima semana. Es un hombre de verda

a irse, como si yo fuera un

amé, con mis ú

tuvo, pero

¿Por qué tanto odio? ¿P

no vi ni una pizca de arrepentimiento.

datorio constante de mi peor

or un rasguño en la frente, mientras nuestro hij

ado con la devastación de mi corazón. Las lágrimas cayeron por mis mejillas, calientes y silenciosas. Lloré por mi hijo. L

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El Precio de un Reloj Roto
El Precio de un Reloj Roto
“El teléfono sonaba en mi mano, y un escalofrío me recorría la espalda mientras mi esposa, Sofía, finalmente contestaba, su voz distante y fría. Pregunté por nuestro hijo, Miguelito, porque no lo encontré en la escuela; su maestra dijo que ella lo había recogido hacía horas. Hubo un silencio helado del otro lado de la línea. "Lo mandé a un lugar para que lo corrijan," soltó con frialdad,"ya no soportaba su mal comportamiento... rompió el reloj de Mateo." Mateo, su amigo de la infancia, el motivo por el que Sofía me había estado ignorando durante meses. Grité, perdiendo el control, "¿De qué hablas? ¡Es un niño de seis años! ¡Fue un accidente! ¡No puedes enviarlo a un 'lugar de corrección' por un reloj!" Ella me cortó, su voz dura como el acero: "No te lo voy a decir... Deja de molestarme, estoy con Mateo." Acto seguido, colgó, dejándome en un infierno de pánico y traición, la mujer que amaba, la madre de mi hijo, lo había desechado por un capricho. Corrí al coche, mis manos temblaban, llamando su teléfono una y otra vez, pero solo me enviaba al buzón de voz. De repente, mi teléfono vibró: "Colegio Disciplinario Sol Naciente". Y debajo, una frase que me destrozó el alma: "Felicidades, papá. Sofía está embarazada. Es una niña, y yo soy el padre. Atentamente, Mateo." El mundo se detuvo. La traición me aplastó, no solo me había engañado y desechado a nuestro hijo, sino que formaba una nueva familia con mi supuesto amigo. Llegué al "Colegio Disciplinario", un edificio gris y ominoso que parecía una prisión, empujé a un guardia, grité el nombre de mi hijo. Lo encontré en una habitación blanca, pálido, inmóvil, con cables pegados a su cabeza y espasmos violentos: estaba en coma, inducido por electroshocks. Caí de rodillas, el dolor me partía el corazón, acunando su manita fría, mi pequeño artista atrapado en la oscuridad. Mi suegro, el padre de Sofía, apareció, su rostro mostrando profunda preocupación. "Señor," mi voz era un susurro roto, "Quiero el divorcio. Y me llevaré a mi hijo. No permitiré que esa mujer se le vuelva a acercar. Nunca más."”
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