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El Precio de un Reloj Roto

Capítulo 1 

Palabras:778    |    Actualizado en: 09/07/2025

a la espalda. Mi esposa, Sofía, finalmente contestó, su v

, Ricardo? Es

aba, no podí

cogerlo a la escuela y no estaba, su ma

lado de la línea, un silen

nalmente, con un tono casual, como si hablara del c

elo desaparecía

qué hablas? ¡Es un niño

ro no por nuestro hijo, sino por el objeto dañado. "Ese reloj era muy importante para él

El hombre por el que me había

No puedes enviarlo a un 'lugar de corrección' por u

control. El pánico

su propio bien. Necesita disciplina, Ricardo. Algo que tú, con tu bla

co

aba, la madre de mi hijo, había enviado a nuestro pequeño a un l

la llave en el contacto. Conduje sin rumbo por la ciudad, llamando a su

ese? ¿Qué le estarían haciendo a mi hijo? La imagen de Miguelito, con sus gr

un mensaje de un número desconoci

plinario Sol Naciente". Y debajo,

embarazada. Es una niña, y yo s

nte, que sentí que me ahogaba. No solo me había engañado, no solo había desechado a nuestro

oros y el tráfico. Lo único que importaba era l

so, rodeado por un alto muro con alambre de púas en la

ombre de mi hijo, corriendo por los pasillos desolados. Un hombr

te, lo e

ción blanca, acostado

eño Mig

eña cabeza y su cuerpo sufría espasmos violentos de ve

que sentí que mi corazón se partía en mil pedazos. Acaricié su mani

mundo de colores, estaba atrapado en una oscuridad si

e sentí una mano en mi hombro. Era mi suegro, el padre de Sofía.

s de lágrimas y un odio que

divorcio. Y me llevaré a mi hijo. No permitiré q

n más fuerza, su silencio era una admisión de la

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El Precio de un Reloj Roto
El Precio de un Reloj Roto
“El teléfono sonaba en mi mano, y un escalofrío me recorría la espalda mientras mi esposa, Sofía, finalmente contestaba, su voz distante y fría. Pregunté por nuestro hijo, Miguelito, porque no lo encontré en la escuela; su maestra dijo que ella lo había recogido hacía horas. Hubo un silencio helado del otro lado de la línea. "Lo mandé a un lugar para que lo corrijan," soltó con frialdad,"ya no soportaba su mal comportamiento... rompió el reloj de Mateo." Mateo, su amigo de la infancia, el motivo por el que Sofía me había estado ignorando durante meses. Grité, perdiendo el control, "¿De qué hablas? ¡Es un niño de seis años! ¡Fue un accidente! ¡No puedes enviarlo a un 'lugar de corrección' por un reloj!" Ella me cortó, su voz dura como el acero: "No te lo voy a decir... Deja de molestarme, estoy con Mateo." Acto seguido, colgó, dejándome en un infierno de pánico y traición, la mujer que amaba, la madre de mi hijo, lo había desechado por un capricho. Corrí al coche, mis manos temblaban, llamando su teléfono una y otra vez, pero solo me enviaba al buzón de voz. De repente, mi teléfono vibró: "Colegio Disciplinario Sol Naciente". Y debajo, una frase que me destrozó el alma: "Felicidades, papá. Sofía está embarazada. Es una niña, y yo soy el padre. Atentamente, Mateo." El mundo se detuvo. La traición me aplastó, no solo me había engañado y desechado a nuestro hijo, sino que formaba una nueva familia con mi supuesto amigo. Llegué al "Colegio Disciplinario", un edificio gris y ominoso que parecía una prisión, empujé a un guardia, grité el nombre de mi hijo. Lo encontré en una habitación blanca, pálido, inmóvil, con cables pegados a su cabeza y espasmos violentos: estaba en coma, inducido por electroshocks. Caí de rodillas, el dolor me partía el corazón, acunando su manita fría, mi pequeño artista atrapado en la oscuridad. Mi suegro, el padre de Sofía, apareció, su rostro mostrando profunda preocupación. "Señor," mi voz era un susurro roto, "Quiero el divorcio. Y me llevaré a mi hijo. No permitiré que esa mujer se le vuelva a acercar. Nunca más."”
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