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Noventa y Siete Deseos Pendientes

Capítulo 4 

Palabras:706    |    Actualizado en: 08/07/2025

iba, su sonrisa era una mezc

lo. Estamos

tando del espectáculo. La humillación de Ximena era la

os de Mateo por un segundo. No había súplica en ellos,

voz plana, sin inflexiones

lo quedaban noventa y cinco. Un

ridas. Sin decir una palabra más, se dio la vuelta y se adentró en la oscurid

servicio que ahora le habían asignado. El mismo asistente

que no salgas de

a de sus manos con un trozo de tela. El dolor era un recordatorio constante de que todavía estaba viva, d

eció de nuevo. Su rostro mostraba

na. El patrón tiene un

espondió, s

el asistente, sin atreverse a mirarla a los ojos. "Son sus favoritos, importados de la capital. El patró

una sirvienta. Por un instante, una oleada de algo parecido a la ira la recorrió. Pero la

s," dijo

o y, con paciencia infinita, comenzó a raspar el lodo con las uñas. Luego, usó el borde de su propia fald

lvió los zapatos a Rami

su cuarto. La miró con una extraña mezcla

ra, no soy un monstruo. Si te quedas, si te comportas, puedo permitirt

na migaja de caridad diseñad

nte a los ojos por prime

"No quiero tu caridad. Solo quiero que cump

a, su falta de gra

ingrata!" espetó él.

icción entre su oferta de que se quedara y su deseo subyacente de que desapareciera la golpeó con fuerza. Una t

iente humillación. Cada día, le enviaba un mensaje a Mateo a través de Ramiro: "No lo olvides. Faltan noventa y cuatro

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Noventa y Siete Deseos Pendientes
Noventa y Siete Deseos Pendientes
“En el pináculo de su poder, Mateo brindaba por el contrato que lo convertía en la figura más influyente de la región. Pero la sonrisa se le borró al mencionar a Ximena, la mujer que, con sabiduría ancestral, lo había elevado de la nada, solo para ser desechada sin piedad. Escuché a las sirvientas cuchichear: "La tiró como a un perro. Dicen que solo la usó por un pacto extraño. ¿Cien deseos?" . A Ximena la había visto partir: sin lágrimas, sin tristeza, solo con una frase inquietante: "Todavía me debes noventa y siete deseos" . La historia de Ximena era un susurro a voces: una curandera de la sierra, atada por error a Mateo tras consumir una ofrenda destinada a un nahual. Tres años a su lado, transformándolo de joven caprichoso a hacendado próspero, mientras él la obligaba a sonreír y reír por mero capricho. Y ahora, tras la llegada de la rubia Sofía, Ximena fue humillada, echada de la hacienda, su sacrificio reducido a nada. Mateo la había arrojado al suelo, gritando: "¡Nunca significaste nada! ¡Solo eras un consuelo mientras esperaba a mi verdadero amor!" . Pero ella, con una calma inquietante, se levantó, su voz clara y sin temblor: "El pacto no ha terminado. Todavía me debes noventa y siete deseos" . Horas después, arrastrándose en el anonimato, Ximena sentía el dolor de un contrasentido brutal causado por los deseos contradictorios de Mateo: "Deseo que nunca me dejes" y el cruel "¡Lárgate de aquí!". Esto le provocó una tos violenta, y, al cubrirse la boca, vio una mancha de sangre. Al alba, Mateo la buscó con un nuevo deseo, el más cruel de todos: "Deseo que tomes el lugar de Sofía. Deseo que recibas su castigo: veinte azotes en la plaza. Y después, deseo que te largues de mi vista para siempre" . Ximena aceptó con serenidad, con cada latigazo, una palabra resonaba en su mente: "Hogar" . El vigésimo golpe la dejó atada y sangrando, pero libre. No era el fin, sino el inicio de una búsqueda desesperada por parte de Mateo, una vez que la verdad le fue revelada: Ximena, su víctima, era en realidad, aquella niña de ojos oscuros y rebozo rojo que le salvó la vida siete años atrás.”
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