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El Castigo de Amor

Capítulo 1 

Palabras:1746    |    Actualizado en: 08/07/2025

yo, Sofía Rojas, éramos los chefs y dueños, pero más que eso, éramos un equipo, dos mitades que se habían encontrado para crear algo mágico, nuestro amor era el ingrediente sec

taban a programas de televisión y nuestro futuro parecía tan brillante como el sol de mediod

an con el sonido de los mariachis que tocaban en la esquina, Javier me rodeó con su

do, su aliento cálido me hizo sonreír. "Sin

Javier", le respondí, girándome para d

o nosotros dos, para hablar de nuestros planes, de la vida que estábamos construyendo. Pero esa celebración nunca llegó, una llamada telefónica lo cambió to

ía para que estuviera bien. Cuando por fin llegué, una enfermera me guio por pasillos blancos y fríos hasta la habitación 302, mi corazón latía con una fuerza que me dolía en el pecho, pero al abrir la puerta, me

ecialmente a Javier, quien fue su novio por un tiempo antes de que nosotros nos enamoráramos, ahora era

pregunté, mi voz sonó má

na sonrisa de víbora en los labios. "C

él me veía con una confusión total, como

yo, Sofía", le dije,

Valentina se interpuso. "No te le

blas?", mi

la es Sofía, una de las cocineras del restaurante, parece que e

nfusión al fastidio. "¿Una empleada? ¿Por qué e

los pulmones, era una pesadilla. "Javier, no, por favor, soy tu

l corazón en dos. "No sé quién eres, pero n

yo no dejaba de mirar a Javier, suplicándole con los ojos, pero él desvió la mirada, con una frialdad que nunc

voz llena de veneno. "Y el restaur

ina, podía recibir información, mis abogados me dijeron que, sin el apoyo de Javier, Valentina podía fácilmente quitarme mi parte del negocio argumentando que yo era solo una empleada, tal como le había

a esperanza que se negaba a morir, me hice una prueba de embarazo en el baño de la modesta casa de mi mamá, a donde tuve que regresar, y las dos líneas rosas conf

bebé, con la prueba de embarazo en la mano, logré burlar la seguridad del hospi

e", le dije, mostrándole la p

advirtió que harías cualquier cosa para llamar la atención, no sé cómo te atrev

sposo de vuelta, quiero a mi familia", soll

figuró por el odio al ver la prueba de embarazo en mi mano

hace para molestarte", dijo con voz temblorosa. Luego se gi

ía de la casa de mi mamá, un coche subió a la banqueta a toda velocidad, el conductor tenía el rostro cubierto, me golpeó y todo se volvió negro, desperté en una cama de hos

médico con tristeza. "El golpe f

tenía, se había ido, Valentina lo había hecho, estaba segura, su celosía la había llevado a

al, necesitaba aire, necesitaba escapar de mi propia mente, fue entonces cuando pasé por una oficina y escuché una

el doctor dijo que la amnesia de Javier es parcial y temporal, que podría recuperar la memoria en cualquier momento, pero no importa, para c

mnesia, había sido un plan, una mentira cruel y calculada desde el principio, Javier no era

convirtió en cenizas, la tristeza se transformó en una decisión inquebrantable, no podía seguir luchando u

endo así, que la amaba pero que tenía que encontrar un nuevo comienzo, lejos de todo y de todos. Empaqué una pequeña maleta con lo poco que me quedab

or", le dije al hom

de, señ

significaban nada para mí, y eso era exactamente lo que ne

al autobús, no miré hacia atrás, estaba dejando atrás a Javier, a Valentina, a "El Sazón del Alma", a mi bebé nonato, a la mujer ing

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El Castigo de Amor
El Castigo de Amor
“El aroma a cilantro y la risa de Javier llenaban "El Sazón del Alma", nuestro sueño, nuestra vida. Éramos los chefs del momento en la Ciudad de México, nuestro amor, el ingrediente secreto. Pero una noche, una llamada helada lo cambió todo: Javier, accidente grave, Hospital Central. Corrí, cada semáforo en rojo era una tortura, cada minuto una eternidad. Al llegar, mi corazón se detuvo: Javier en la cama y, a su lado, Valentina Díaz, mi eterna rival, aferrada a su mano con asquerosa familiaridad. "Cuidando a mi prometido, ¿tú qué crees?". Ella sonrió, viperina. "Javier, ella es Sofía, una empleada obsesionada. Sácala, me duele la cabeza". Javier me miró con fastidio: "No sé quién eres, ¡lárgate!". Fui arrastrada del hospital, humillada, rota. Valentina, susurró: "Él es mío, y el restaurante también. Te quedarás sin nada". Los días siguientes fueron un infierno: me quitaron todo, me dejaron en la calle. Pero en la oscuridad, una pequeña luz: estaba embarazada. Un pedacito de Javier y mío. Con la prueba en mano, lo busqué para compartirle la noticia, pero él, aún bajo el hechizo de Valentina, me empujó, negando a nuestro hijo. Días después, un coche me atropelló. Desperté en el hospital, y el doctor me dio la noticia: "Perdiste al bebé". El mundo se desmoronó. Esa noche, el destino me reveló la cruel verdad: Valentina, en una llamada telefónica, confesó que todo era un plan, que la amnesia de Javier era temporal, que me había robado a mi esposo, mi restaurante y, ahora, a mi hijo. No había lágrimas, solo una calma helada. Dejé una nota a mi madre y me fui, sin mirar atrás. En la soledad de un pueblo costero, sanaba, o eso creía, hasta que Javier apareció, buscando llevarme de vuelta a una macabra farsa para "salvar" a Valentina. No entendía cuándo se había convertido en su títere. Cuando se fue, el doctor Ricardo me reveló la verdad: Valentina planeaba extirparme el corazón, literalmente. Fui secuestrada, atada a una silla, mientras mi sangre fluía en lo que creí era un trasplante para ella, y Javier... Javier la miraba con amor, ajeno a mi tormento. Al salir, Javier me ofreció dinero, humillándome. Rechacé sus sucias monedas y le juré que no me pisotearían más. Su boda era inminente. Intenté luchar, pero él, ciego, se puso de lado de Valentina, enviándome al "Pozo de las Lamentaciones", una prisión de torturas. Allí, padecí el silencio, la vanidad, el frío, la soledad y el arrepentimiento. Luego, él apareció de nuevo, llevándome a su mansión, una jaula dorada. Y escuché la verdad: Valentina necesitaba un trasplante, ¡y querían mi corazón! Me desmayé. Al despertar, era el día de su boda. Destrocé cada foto de nuestro pasado y arrojé nuestro dije del sol. Sofía Rojas, la enamorada, moriría ese día. No dormiría. A medianoche, Javier entró, susurró promesas vacías, un beso de Judas en mi frente. Me fui, dejándolos en el altar, caminé hacia el Puente del Olvido, bebí el Agua del Leteo. Me arrojé al río, un paso hacia la libertad. El mundo se desvaneció. Para él, yo ya no existía. En su desesperación, Javier corrió al río, pero era tarde. La guardiana le reveló: "La mujer que buscas ya no existe, te ha olvidado para siempre". El golpe lo destrozó. Quiso seguirme, pero no lo dejaron. Valentina llegó, furiosa por ser abandonada en el altar, y la guardiana, revelada como una deidad, la desenmascaró: era una traidora cósmica. El odio de Javier explotó al ver las visiones de su engaño, cada cruel manipulación. La justicia divina actuó: Valentina fue borrada de la existencia. Javier, sentenciado a cien vidas de sufrimiento, a perder su amor una y otra vez. Y yo, la Señora de los Soles, renacida y sin recuerdos, fui designada para supervisar su castigo.”
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