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El Latido Final de Sofía

Capítulo 4 

Palabras:726    |    Actualizado en: 08/07/2025

ejandro se movía como un fantasma por su propio apartamento, el que habíam

da, sino para cuidar de Valeria. La instaló en la habitación de huésp

un médico heroico enfrentado a una elección imposi

, como si por arte de magia yo fuera a contestar. Luego lo de

e te sentías tan mal, Sofí

ente retorcida, s

aba la mañana del accidente, la alegría que sentía. El test de embarazo positivo

o antes del impacto, mientras una

importante esta noche", le había

ó él, con una sonrisa, sin apa

sero, Valeria se inc

, Sofi. ¿Compraste otro mueble q

o había un filo en su voz

o a Alejandro con todo el amor que se

un coche que cambiaba de carril a una distancia segura. Pero el grito sobresaltó a Alejandro, quien dio u

, fue casi un golpe sec

ía la verdad. Valeria había provo

dole un té a su paciente estrella, su teléfono

dijo con

ro puro. "¿Ya te dignaste a preguntar p

Ramos,

ñora Ramos. Y te exijo que me digas

por el pelo, visib

Tuve que tomar una d

gritó mi madre, y su dolor atravesó la línea telefóni

ilencio cargado de u

, preguntó Alejandro

pió en un sollozo ahogado. "El informe del fo

mano de Alejandro, cayendo

equeño altavoz del teléfono en el suelo. "Iba a tener un hijo.

su escudo, su fortaleza, se hizo añicos. Miró sus manos, las manos de un cirujano qu

ruido, sino la verdad real, brutal e i

r una profunda y amarga tristeza. La justicia llegaba tarde, y el precio

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El Latido Final de Sofía
El Latido Final de Sofía
“El chirrido del metal doblándose fue lo último que recordé antes de que el mundo se volviera un borrón de luces y dolor. Abrí los ojos para encontrarme atrapada en el coche, el cráneo palpitante y mi novio, Alejandro, el neurocirujano que amaba, llamando desesperado a mi "mejor amiga", Valeria. "Valeria, ¿estás bien? ¡Valeria!". Su voz, llena de una urgencia que nunca me había dado a mí, me atravesó más que cualquier cristal roto. Logré ver a Valeria, acurrucada, con un corte superficial en la frente, pero con sus ojos abiertos y una mirada de pánico perfectamente actuado. Cuando llegaron los paramédicos, Alejandro, en su arrogancia, apenas me echó un vistazo. "Sofía, solo son rasguños, estás bien, no te muevas mucho". Luego se arrodilló junto a Valeria. "Ella es la que está grave", les dijo a los paramédicos con voz autoritaria. "Miren la herida, podría tener una fractura de cráneo, una hemorragia. Necesita cirugía cerebral urgente, ¡yo la operaré!". Mientras me desangraba, mi cabeza golpeada, con una hemorragia cerebral que él se negó a ver, y el secreto de nuestro bebé latiendo en mi vientre, Alejandro se la llevó al quirófano prioritariamente. Fallecí sola, abandonada, mientras él operaba a Valeria por una herida inexistente. Convertida en un fantasma, fui testigo de su engaño: Valeria no tenía nada, pero la mentira de mi "traición" y de un hijo que no era suyo cegó a Alejandro, forzando un recuerdo deformado de mí. Su luto se convirtió en una grotesca negación, llenando una habitación de bebé para una inocente que él mismo había dejado morir. Mi madre, destrozada, no se rindió. Luchó incansablemente hasta que una cámara de seguridad reveló la verdad: Valeria simuló su herida y provocó el accidente. Alejandro, enfrentado por fin a la brutal realidad, a su propia ceguera y negligencia, vio desmoronarse su mundo. Perdió su licencia, su reputación y la mujer que amaba. Valeria fue condenada, pero la verdadera sentencia recayó en Alejandro: una vida de culpa, remordimiento y el fantasma de un futuro que él destruyó. Después de todo, la verdad, por devastadora que sea, siempre sale a la luz.”
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