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Zui Ai Chi Liu Cheng

4 Libros Publicados

Libros y Cuentos de Zui Ai Chi Liu Cheng

El Latido Final de Sofía

El Latido Final de Sofía

Urban romance
5.0
El chirrido del metal doblándose fue lo último que recordé antes de que el mundo se volviera un borrón de luces y dolor. Abrí los ojos para encontrarme atrapada en el coche, el cráneo palpitante y mi novio, Alejandro, el neurocirujano que amaba, llamando desesperado a mi "mejor amiga", Valeria. "Valeria, ¿estás bien? ¡Valeria!". Su voz, llena de una urgencia que nunca me había dado a mí, me atravesó más que cualquier cristal roto. Logré ver a Valeria, acurrucada, con un corte superficial en la frente, pero con sus ojos abiertos y una mirada de pánico perfectamente actuado. Cuando llegaron los paramédicos, Alejandro, en su arrogancia, apenas me echó un vistazo. "Sofía, solo son rasguños, estás bien, no te muevas mucho". Luego se arrodilló junto a Valeria. "Ella es la que está grave", les dijo a los paramédicos con voz autoritaria. "Miren la herida, podría tener una fractura de cráneo, una hemorragia. Necesita cirugía cerebral urgente, ¡yo la operaré!". Mientras me desangraba, mi cabeza golpeada, con una hemorragia cerebral que él se negó a ver, y el secreto de nuestro bebé latiendo en mi vientre, Alejandro se la llevó al quirófano prioritariamente. Fallecí sola, abandonada, mientras él operaba a Valeria por una herida inexistente. Convertida en un fantasma, fui testigo de su engaño: Valeria no tenía nada, pero la mentira de mi "traición" y de un hijo que no era suyo cegó a Alejandro, forzando un recuerdo deformado de mí. Su luto se convirtió en una grotesca negación, llenando una habitación de bebé para una inocente que él mismo había dejado morir. Mi madre, destrozada, no se rindió. Luchó incansablemente hasta que una cámara de seguridad reveló la verdad: Valeria simuló su herida y provocó el accidente. Alejandro, enfrentado por fin a la brutal realidad, a su propia ceguera y negligencia, vio desmoronarse su mundo. Perdió su licencia, su reputación y la mujer que amaba. Valeria fue condenada, pero la verdadera sentencia recayó en Alejandro: una vida de culpa, remordimiento y el fantasma de un futuro que él destruyó. Después de todo, la verdad, por devastadora que sea, siempre sale a la luz.
Luz de Luna: Mi Propia Narrativa

Luz de Luna: Mi Propia Narrativa

Urban romance
5.0
Mi relación con Mateo era un secreto hermoso, forjado en foros de flamenco, donde yo era "Luz de Luna" y él "Duende". Me enamoré de su alma antes de conocer su rostro, y el día de nuestro primer encuentro, las ganas se mezclaron con un pánico paralizante. La imagen en mi teléfono me devolvía una Sofía común, sin el misterio de "Luz de Luna", mientras que mi compañera Isabella, la belleza deslumbrante de la facultad, se ofrecía a "proteger" a su "amiga tonta". Fue entonces cuando aparecieron ante mis ojos unos comentarios brillantes, como de una retransmisión en vivo. «Pobre Sofía, siempre tan insegura. Va a perder al hombre de su vida por cobarde.» «Seguro que el tal Mateo es un bombón. Isabella lo conquistará en cinco minutos.» «Jajaja, cuando vea lo guapo que es, intentará recuperarlo, pero él ya solo tendrá ojos para nuestra reina Isabella. ¡Qué patética!» Me quedé helada. Así que yo era la secundaria, el trampolín para el romance perfecto de Isabella. Una rabia fría y desconocida me invadió. No esta vez. Engañé a Isabella para que fuera ella quien lo esperara, cambiando la hora de llegada de Mateo. Pero ella no se rindió. Al día siguiente, en la estación, los comentarios volvieron a burlarse de mí, mientras Isabella se interponía, presentándose como "Luz de Luna". Mateo me ignoró por completo, ni siquiera se inmutó. No, él me miró a mí, me reconoció, y una cálida sonrisa apareció en su rostro, su voz llamándome: "Sofía". Isabella se quedó boquiabierta, pero el juego no había terminado. Ella persistió, usando la artimaña de un falso "Mateo" para intentar sembrar la cizaña, pero mi confianza en él era inquebrantable. Entonces, me golpeó donde más duele: mi rostro. Me dio un maquillaje que me provocó una reacción alérgica horrible, y me emboscó públicamente en la facultad, acusando a Mateo de ser un cruel engañador, mostrando conversaciones falsas. Ahí estaba yo, con la cara hinchada y oculta tras una mascarilla, el hazmerreír de todos. Pero al ver la genuina preocupación en los ojos de Mateo, algo se encendió dentro de mí. Se acabó. Me quité la mascarilla. ¿De verdad crees que puedes ganar con trucos tan sucios?