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El Honor de un Padre

Capítulo 4 

Palabras:735    |    Actualizado en: 08/07/2025

egos no tardó en

pital, su presencia era tan fuera de lu

de toda falsa amabilidad. "Mis clientes son person

sobre la mesita de

a última oferta. Tómelo o a

iquiera mi

o quiero su dinero. Quiero que Ricardo Mendoza enfrente un juicio

tó una risa se

aben cómo usarla. Y, más importante, a quienes pueden pagarla

ras resonaron con

carta oficial de la universidad pú

temblorosa

n de su expediente y a irregularidades administr

dades admi

a, tan descarada, qu

ía imaginado, llegaba hasta los pasillos de la academia, e

odemos destruirte de to

con la fuerza de un puño,

a volvió a tom

e y directa, detallando el ataque a Miguel, las amenazas, la ex

s en la papeler

l palacio de justicia y comenzó a

"¡Un artista mutilado por la familia Me

oraban, otras tomaban e

desafío no pas

pital con ojos tristes. "Si los abogados no me ayudan, me convertiré en mi propia a

ió su p

vorando libros de derecho penal, aprendiendo

el sistema un laberinto, pero

reparaba un caso que sabía que prob

un acto de pura y

pital se acumulaban, una montaña de

al para cualquier mínima esperan

gotado sus pe

edaba u

ejo armario, guardab

u padre, una suma que él había dejado específic

el último sacrificio de

encogido, Ele

etes, cada uno de ellos un recordatori

por sus mejillas mien

padre para pagar las consecue

ios, para una vida mejor. Pero ahora... ahora lo necesito para mantener a Mi

lete que entregaba se sentí

una nueva fuerz

do su futuro, le estaban qu

ía nada q

ue perder es la persona

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El Honor de un Padre
El Honor de un Padre
“El vibrante mural de mi hermano Miguel, la obra que pintó con el alma y que celebraba la historia de nuestra gente, era su triunfo y nuestra esperanza. Pero esa noche, la risa de los vecinos se congeló con el rugido de camionetas negras y la aparición de Ricardo Mendoza, la serpiente que extorsionaba nuestro barrio. Miguel se negó a doblegarse, y en un instante, su futuro se hizo añicos: sus manos, sus preciosas manos de artista, fueron brutalmente destrozadas bajo la bota de Mendoza, mientras yo, Elena, era obligada a mirar, a presenciar cómo destruían su vida. Fui a la policía buscando justicia, pero solo encontré indiferencia, burlas y una advertencia directa de Ricardo: "Mi familia es dueña de este barrio, de la policía, de los jueces". Me sentí morir, derrotada, acorralada, ¿cómo se lucha contra un poder que lo compra todo, que puede destruir tu futuro y silenciarte con mentiras, que incluso entra a tu casa y daña a tus seres más queridos? Todos me decían que me rindiera, que aceptara el dinero y callara, pero entonces, mi mirada se posó en la placa de honor de mi padre, un agente de la Patrulla Fronteriza caído en cumplimiento del deber, y supo que él me había dejado más que un recuerdo: el camino para la verdadera justicia.”
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