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No Hubo Amor Desde Principio

Capítulo 1 

Palabras:787    |    Actualizado en: 08/07/2025

omero, y esta es la

uponía debía ser de celebración, pero que para mí solo

or, un error que cometí

mi mundo, él era el sol alrededo

estuviera en casa para celebrarlo conmigo, así que le in

e convirtió en mi

de auto, el coche en el que viajaba Mateo se había salido de l

se apagó, y yo me convertí en l

palabras cortantes se convirtieron en mi pan de cada día, me obl

cántaros sobre la ciudad, igual que la

y temblando, no por el

en la nuca, sus pasos pesados

ándome en el pecho, saqué mi celular con

re con

yúdame, alguien me está si

tembloroso, una s

ncio helado, seguido por la voz de mi madre

ención? Ya estamos hartos de tus dramas. Si tan solo te parecieras un poco a

co

oscureció, llevándose con ell

del teléfono se mezclaba con el rugido de la tor

onaba en mi cabeza: "Oja

el hombre acercándose, su rostro o

ral de Mateo, el cielo

frente a una tumba vacía, por

rás de mí, sus figuras

lavándose en mi brazo. "Si no hubieras si

, me obligaban a arrodillarme frente a su retrato dur

o a

, de golpes ocasionales, de una soledad que me c

a marchitado an

estaba cas

que mi única amiga, Camila, me había

, mis dedos temblorosos bus

ncon

dón con toda

a

el clic sordo del p

defec

elo y me arrastró hacia un c

fue ahogado por el es

iente que sentí, un

mis huesos rompién

ra, solo trabajaba con una

aire, mezclándose con el

mis piernas, el miedo me había he

ornos del callejón se disolvieron en

brillo de un cuchillo ba

ego,

ilen

scur

y así fue como morí el día

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No Hubo Amor Desde Principio
No Hubo Amor Desde Principio
“Mi nombre es Sofía Romero, y esta es la historia de mi muerte. Morí el día que cumplí dieciocho años, el final de un castigo de ocho años. Todo comenzó con un error: a los diez, le rogué a mi hermano Mateo que volviera de su viaje, y esa noche mis padres recibieron la llamada: un accidente, no hubo sobrevivientes. Me convertí en la sombra culpable. La noche que morí, la lluvia caía a cántaros. Un hombre me seguía. Temblorosa, marqué a casa. Mi madre contestó, pero mi súplica desesperada fue recibida con un silencio gélido. "¿Otra vez con tus mentiras para llamar la atención? Si tan solo te parecieras un poco a tu hermano... pero no, tenías que ser tú la que quedara. No vuelvas a llamar". Y colgó. La pantalla del celular se oscureció, y con ella mi última esperanza. La frase de mi madre, "Ojalá nunca hubieras nacido" , resonó mientras la silueta del hombre se acercaba. Recogiendo los pedazos de mi éxito, mi madre me abofeteó: "Tú lo mataste. Nada de lo que hagas cambiará eso". Mi padre, presente, solo suspiró, guiándola fuera. Sentí el crujido de mis huesos mientras el hombre me arrastraba a un callejón. El olor a sangre y basura, el brillo de un cuchillo. Después, nada. Horas después, mi padre, Javier Romero, detective forense, llegó a la escena del crimen, indiferente. En la morgue, mi padre analizó mis restos destrozados, buscando indicios del asesino. Cuando Ricardo Solís, capitán y colega, le preguntó si conocía a la víctima al ver mi identificación, mi padre respondió con una crueldad helada: "Esa niña... Ojalá ya estuviera muerta hace mucho tiempo. Ella no es mi hija. Mi único hijo murió hace ocho años". Sus palabras me hirieron incluso en la muerte. Floté sobre él, escuchando sus quejas sobre la brutalidad del asesino, sin saber que la "pobre chica" a la que se refería era yo, a quien había abandonado a su suerte la noche más oscura de mi vida. Supe entonces una verdad terrible: para ellos, yo ni siquiera calificaba para ser amada. Era una plaga, un error. Era un bicho de alcantarilla que no merecía vivir.”
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