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La Verdad Quebró un Hogar

Capítulo 1 

Palabras:938    |    Actualizado en: 08/07/2025

Elena exigía cada mediodía. Sofía, sin embargo, preparaba dos platos de frijoles refritos con tor

voz de su suegra era un lamento calc

. Colocó su plato en la m

sirvienta, D

de la silla se detuvo. Doña Elena la miró con los o

odo lo que esta familia te

a recoger los frijoles. Masticó lentamente, di

," respondió con la boca medio llena. "Y

al pecho, su rostro contorsio

ver esto! ¡Ven a ver có

arco, su esposo, apareció en la puerta de la cocina. Era alto, con el porte de un in

mamá? ¿Por

dedo tembloroso. "Se sirve comida solo para ella. Me dej

su madre, y finalmente a su esposa. Su

r conciliador. "Es mi madre. sabes que no se ha senti

os oscuros sin una pizca de la

tufa. Tiene manos.

ó. "No empieces. Ya hemos hablado de e

rompió como un cristal. Se levantó de golpe, la si

pere que tu madre me obligó a beber sus porquerías de hierbas

amente a su madre, quien ahor

ría ayudar, quería asegurarse de que

carcajada amar

có a Marco, su cuerpo temblando de una furia contenida. "No v

por los brazos. "Cálm

n un empujón tan fuerte que él tropezó hacia

demasiado para Doña Elena. Se levantó de su silla y co

inos, vengan a ver! ¡Esta mujer me golpea! ¡Intenta matarme en mi

El murmullo comenzó a extenderse como un incendio en pasto se

tró en la habitación de Sofía. Ella estaba sentada en la cama, m

un fajo de billetes de su bol

oma

miró sin

é es

dijo él, su voz desprovista de emoción. "Mi madre no puede seguir vivi

que le echaba por la muerte de

blando. "¿Tú crees que esto se arregla con d

rco, sin mirarla a los ojos. "Eres dem

n movimiento rápido y cruel, los agarró y los arrojó al suelo, pisá

Podemos tener

ía se rompió y se solidificó en un i

, su voz tan baja que

Qué

la puerta. "¡Y llévate a tu madre contigo

a habitación, cerrando la puerta tras de sí. Sofía se quedó sola, mira

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La Verdad Quebró un Hogar
“En el sofocante aire de la casa, preparaba mis humildes frijoles, ignorando a Doña Elena, mi suegra, quien me hostigaba desde su mecedora. "¿No piensas servirme, Sofía?" su voz era un lamento calculado que yo ya no soportaba. Mi respuesta, fría y cortante, la detuvo: "No soy tu sirvienta, Doña Elena." Ella y mi esposo, Marco, me acusaban de ingratitud, de ser una "conflictiva" , después de todo lo que "me habían dado" . Pero lo que me quitaron, jamás podrán pagarlo. Entre lágrimas teatrales y gritos de "¡Auxilio! ¡Esta mujer intenta matarme!" , Marco me confrontó. "¡Supera lo que pasó!" dijo él, sellando mi quiebre. Mi voz estalló en un susurro peligroso: "¿Que supere que tu madre me obligó a beber sus porquerías de hierbas, hasta que perdí a mi bebé?" La verdad los petrificó, pero mi dolor era desestimado. Esa noche, Marco lanzó billetes sobre mi cama, su voz vacía: "Es dinero. Suficiente para que te vayas lejos. Ya causaste suficiente dolor con... tu pérdida." Pisoteó los zapatitos de estambre que tejí para nuestro hijo, sentenciando: "Ya supéralo. Podemos tener otros hijos." En ese instante, algo dentro de mí se rompió y se endureció. La calma helada me invadió. "Lárgate," le ordené, señalando la puerta. "¡Y llévate a tu madre contigo! ¡No los quiero volver a ver en mi vida!" La guerra acababa de empezar, y esta vez, yo no sería la víctima. Lucharé por la justicia de mi hijo y por la verdad, cueste lo que cueste.”
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