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Ximena: Libre Del Pasado Oscuro

Capítulo 3 

Palabras:713    |    Actualizado en: 08/07/2025

me siguió hasta mi habitación. Yo estaba sentada en mi escritorio, revis

s tan ocupada», dijo con sarcasm

os brazos cruzados. Su mirada recorrió mi habitación y

mis tesoros, todos los recuerdos

mente, su sonri

sta de dieciocho años, cuando me regalaste esa corbata y me miraste como si fuera el centro de tu universo. Leí tus

retando con fuerza. Sentí que el aire me falt

una niña», continuó, su voz se volvió más dura. «Pero ah

ó en el aire, p

. Era un regalo que él mismo me habí

s guarda la pequeñ

o nuestra de cuando yo era niña, una entrada de cine de una película que vimos juntos, y un puñado de peque

terías, lo sabía, pero eran mías. Eran la prueba de u

una risa cruel

última pizca de sentimiento q

o caro, y pisó con fuerza las pequeñas estrel

e como si me estuviera

stro a centímetros del mío

l pensamiento de que tú, la hija de mi hermana, sienta eso por mí... me

lones y salió de mi habitación sin mirar atrás, dejándom

a el pecho, un dolor agudo y profundo que me recordaba la asfixia.

a fría determinació

r mis cosas. No los recuerdos aplastados, s

ra hora de deshac

cepto por un nuevo y lujoso colchón en el centro. La leyenda decía: «¡Preparando la habitación de invitados para cuando v

, una de sus amigas preguntó

pes. Ricardo dijo que eran solo chucherías viej

lo un vacío. Se habían deshecho de mis pertenencias, pero también me habí

ba l

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Ximena: Libre Del Pasado Oscuro
Ximena: Libre Del Pasado Oscuro
“Morí en el sótano oscuro y húmedo, asfixiándome lentamente. Mi tío, el hombre que amé toda mi vida, me observaba con una sonrisa malévola. «Debes morir...», susurró, mientras el dolor en mi vientre era insoportable y mi hijo nonato luchaba por nacer. Le rogué, le supliqué que me llevara al hospital, pero él se quedó allí, viéndome morir. Mi último aliento fue un susurro ahogado con su nombre. Desperté con un sobresalto, el corazón latiéndome a mil por hora. Estaba en una suite de hotel, y la fecha era la misma del día de mi muerte. ¡Había renacido! El pánico inicial dio paso a una extraña calma. Tenía una segunda oportunidad para no cometer los mismos errores. La puerta del baño se abrió y de ella salió Ricardo, mi tío. «Ximena...», su voz era un gruñido ronco. «Ayúdame... me siento muy mal». En mi vida anterior, caí, creyendo estúpidamente que él vería mi amor. Me entregué a él, solo para quedar embarazada y ser asesinada poco después. Pero esta vez, no. «¡Suéltame, tío!», mi voz sonó más fuerte y firme de lo que esperaba. Lo empujé. Su mirada confundida se encontró con la mía, ahora llena de frialdad y determinación. Ya no era la Ximena de antes. No dudé y marqué el número de la prometida de Ricardo. «Soy Ximena. Tu prometido no se siente bien. Alguien le puso algo en la bebida. Está en la suite 3205 del Hotel Grand. Será mejor que vengas rápido». Colgué. «Ella es tu prometida», respondí, mi voz sin emoción. «Ella es la que debería ayudarte». Abrí la puerta sin mirar atrás. «Ocúpate de tus propios asuntos, Ricardo». Salí de la habitación, cerrando la puerta con firmeza. Era el sonido de mi libertad. Mi nueva vida acababa de comenzar.”
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