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Ceguera Parental: Mi Último Aliento

Capítulo 1 

Palabras:727    |    Actualizado en: 07/07/2025

suspendido sobre

la escena del crimen, y mi madre, la forense más respetada,

soy yo, Ricardo, su

venganza añeja, me dijo que mi padre lo había metido en la cárcel, destruyendo su vida,

a oscuridad fue instantánea y total, luego, mientras la sangre me ahogaba, me cortó

lular, el criminal lo tom

s de Miguel está por empezar, él te está esperando,"

o lo que logré articular, u

l está a punto de ganar el campeonato juvenil, ¿no puedes p

r el pánico, me arrojó el teléfono al pecho y sentí cómo la última gota de e

lejón sucio y olvidado, el hedor a basura se mezcla con el olor metálico de mi propi

con su equipo, su rostro es una máscara de profesionalismo, observa el

mposible de reconocer, la brutalidad es extrema, esto es person

po, sus guantes de látex se deslizan sobre mi piel fría, examina las herida

le quitaron los ojos y la lengua, el asesino quería silenciarlo y to

á, soy yo! ¡Soy Ricardo!" , pero mis palabras

dedo anular, es un anillo sencillo que les regalé por su aniversario, l

i, mi padre fr

a esto, Ricardo? ¿Hiciste algo in

, papá, quería darl

zada, "Es... bonito, Ricardo, pero no te

de las cosas olvidadas, junto a viejas llav

reconoce, para ella, es solo una pieza de evidencia más, un

no significaba nada, el secuestro que sufrí de niño, el tiempo que estuve lejos, había creado un abismo insalvable, al regresar, encontré mi lugar ocup

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Ceguera Parental: Mi Último Aliento
Ceguera Parental: Mi Último Aliento
“Soy un fantasma, suspendido sobre mi propio cadáver. Mi padre, el mejor detective de la ciudad, y mi madre, la forense más respetada, no saben que este cuerpo desfigurado tendido en un callejón es Ricardo, su único hijo. El hombre que me asesinó se reía, su aliento apestaba a alcohol y a una venganza añeja, exigiendo un dolor inolvidable a mi padre. En ese instante de terror, cuando la sangre me ahogaba y mis ojos y lengua habían sido arrancados, mi celular sonó. Era mi padre, impaciente y molesto, "Ricardo, ¿dónde demonios estás? El partido de tenis de Miguel está por empezar." Solo pude emitir un gorgoteo ahogado, "¡Papá, ayú...!" , antes de que colgara, regañándome por ser egoísta y no pensar en Miguel, su hijo adoptivo perfecto. Mi asesino se rio con una carcajada infernal mientras la última gota de esperanza se me escapaba. Ahora, mis padres examinan mi cuerpo en la escena, dictando órdenes con distancia clínica, mi madre incluso toca el anillo que les di de aniversario, pero no me reconoce. Para ellos, soy un "John Doe" , un caso más, un "lío" , mientras colman de orgullo y amor a Miguel, felicitándolo por su campeonato. Escucho su hartazgo por mi "irresponsabilidad" y me pregunto si existí en sus corazones, o solo fui un recordatorio de un trauma que preferían olvidar. Mi propio padre maldijo mi existencia, deseando que me pasara algo, justo cuando yo moría. En la morgue, mi madre pasa junto a mi cuerpo casi con ternura, tocando mi cicatriz de la infancia, pero solo dictando: "Cicatriz antigua, probablemente de la infancia" . La esperanza se desvanece; soy una pista anónima. El papel que se encuentra en mi estómago, una lista de compras que hice para ellos, y el farmacéutico que me reconoció, revelan la verdad. Mis padres se paralizan; las palabras del forense resuenan: "La víctima es Ricardo." Mi padre suelta el auricular, su negación se desmorona; mi madre se aferra al anillo, el grabado de "Mamá y Papá" revela la devastadora verdad. En la morgue, sus lágrimas caen sobre mi cuerpo, sus súplicas de perdón llenan el vacío. Observo a Miguel, mi hermano adoptivo, actuando su dolor, mientras mis padres defienden su "perfección". Pero mi tía Elena ve la verdad, y mi padre descubre mi diario, las pistas de Miguel. Finalmente, en la premiación de Miguel, la verdad explota. Mi padre lo detiene, el criminal confiesa la traición de Miguel, revelando su odio y celos. Miguel, con su máscara caída, grita su confesión, destruyendo a mis padres. Mi padre renuncia, mi madre se quiebra, susurrando mi nombre en el hospital. Mi rabia se disipa; solo queda tristeza. El eco de mis palabras vacías resuena: "Si tan solo me hubieran visto antes."”
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