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Despertar en 1987: Mi Regla

Capítulo 1 

Palabras:1138    |    Actualizado en: 07/07/2025

arto, iluminando las partículas de polvo que flotaban en el aire. Miré el calendario colgado en la pared, un calendario barato de una carnicería local, marcaba el 15 de abril de 1987. Mi co

ombre bueno y comprensivo que dejara que mi prima Sofía, recién llegada del pueblo, se quedara a vivir con nosotros. Yo, la Elena de antes, la tonta, la sumisa, había aceptad

bajo en la fábrica textil, un puesto que me había costado mucho conseguir y que ella anhelaba. Luego, el amor de Ricardo, aunque ahora sabía que ese amor nunca fue real. Me r

omo si fuera mío, un niño que adopté legalmente sin saber que era el fruto de su traición. Morí sola, en la pobreza, viendo desde lejos cómo ellos disfrutaban

an dulce, su ritual de los domingos por la mañana. Su rostro era el mismo, guap

¿Cómo amaneció la mujer

l lado de la cama. Su voz era melosa, f

ndo la misma docilidad de s

icardo.

erca. Tomó mi mano y la acarició. Su tacto me d

hablar contigo de

. El primer movim

bre está sola, no conoce a nadie... Pensé que, como somos familia, podría quedarse aq

or complacerlo. Esta vez no. Sostuve su mirada, buscando cualquier indicio de culpa en sus ojos, pero no había nada, sol

a, sonreí. Una sonris

Por supuesto qu

por mi reacción. Esperaba una discusión, o al menos algunas pregunt

verdad? ¿No

ia política. Está sola en una ciudad grande. Es n

y suficiencia en su rostro fue asqueroso, pero también me dio una extraña satisfacción. Estaba tan seguro de su po

rías, mi amor! Eres un

eza justo a tiempo, así que su beso aterr

l cuarto de huésped

é aquí en una hora. Pensé en

hechos consumados. Me di la vuelta par

y que apurarnos. No po

de cajas viejas y muebles rotos. En mi vida pasada, yo me había pasado todo el día limpiando y ordenando ese lugar, sudando y

cuarto. "Necesito tu ayuda. Hay muchas

ero no podía negarse, no después de que yo había sido tan "co

mi vida.

ía pronto, con su maleta barata y su cara de víctima. Sabía que intentaría seducir a Ricardo esa misma noche. Y sabía que, esta vez, yo no iba a llorar en un rincón. Iba a sentarme en primera fila y a disfrutar del espectáculo. Esta era mi segunda op

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Despertar en 1987: Mi Regla
Despertar en 1987: Mi Regla
“Me desperté con el familiar olor a humedad y fracaso. Era el 15 de abril de 1987, el día exacto en que mi infierno personal comenzó. En mi vida anterior, este día, Ricardo, mi prometido y el hombre con el que me casaría en dos meses, me pediría que mi prima Sofía se quedara a vivir con nosotros. Yo, la Elena tonta y sumisa, aceptaría sin dudar. No sabía que ellos ya eran amantes, que Sofía, con su falsa inocencia, me robaría todo: mi trabajo, mi amor (si es que alguna vez fue real), mi dote. Me aislarían, me harían parecer loca. Lo peor, el niño. Su hijo bastardo, el que me obligarían a criar como mío. Morí sola, en la pobreza, viéndolos gozar la vida que me arrebataron. Pero ya no más. Esta vez, era diferente. Ricardo entró con una charola de desayuno, su sonrisa encantadora que antes me derretía, ahora me revolvía el estómago. "Buenos días, mi amor. ¿Cómo amaneció la mujer más hermosa de Oaxaca?" Sabía lo que vendría. "Elena, necesito hablar contigo de algo importante." Y soltó la bomba: Sofía necesitaba quedarse. En el pasado, bajé la mirada. Ahora, lo miré directamente a los ojos. Sonreí. "Claro, Ricardo. Por supuesto que puede quedarse." Su mandíbula casi cae al suelo. Se esperaba una discusión. Le lancé sus propias palabras: "Es mi prima, es tu familia política. Es nuestro deber ayudarla." La arrogancia volvió a su rostro. Creía que había ganado. No sabía que ya no era la misma Elena. Cuando Sofía llegó, me llamó "la muchacha que ayuda con la limpieza." Ricardo palideció, pero lo interrumpí. "Soy Elena, la prometida de Ricardo. Mucho gusto." Su cara de sorpresa y luego pánico fue impagable. Más tarde, le di a Ricardo la excusa perfecta para que se quedaran solos. "No creo que regrese hasta la tarde." Los dejé en nuestra pequeña jaula, sabiendo exactamente lo que iba a pasar. Sofía se quejaría, Ricardo intentaría cocinar y quemaría la comida, y ella usaría su ineptitud para mostrarse superior. Yo ya no era la jugadora. Era la dueña del tablero.”
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