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Mi Boda: Una Trampa Cruel

Capítulo 4 

Palabras:958    |    Actualizado en: 07/07/2025

l temazcal fue dema

pués, corrió el ru

cuando la gente la ayudó, vieron que sus muñ

ada para ganarse la simpatía del pueblo y pintarme a mí com

unc

rar, a mirarme con desa

curandera Xochitl debe habe

e Tlacaelel, y su furia fu

, irrumpió en mi casa a plena luz de

anzándose sobre mí antes

tal, me sacudió con violencia, haciendo que

iste a Citlali! ¡Cas

mi cabeza, pero mi m

elel, y tú eres lo suficientemente

eció enfurec

ue él mismo me había regalado en nuestra vida pasada,

que todavía la

muñeca, las conchas se rompieron y cayeron

nada que yo te haya dado!", g

bro golpeando contra

, y un gemido se e

la mano para golpearme, una som

élt

quila, pero cargada de un

uauht

se giró, s

rostro desfigurado era una máscara de ira tranquila, sus ojos o

es, fenómeno?", escupió Tlacaelel,

un paso adelante, y ese simple movimiento fue sufici

mi lado, su mirada se sua

astaba con su apariencia te

s y cálidas, y su toq

oz baja, sus ojos examinando

ovida por su repentina

su mente finalmente

cio. "Cambiaste al guerrero más

a Tlacaelel, su voz seguía siendo baj

no vuelvas a a

se, una que incluso Tlacaelel, en su

veneno, Tlacaelel salió de la c

os, Cuauhtémoc me guio

manos expertas, su toq

do, pero tendrás

ro marcado por cicatrices horribles, pero s

ó, un son

onmigo solo te traerá problemas, Tlacaelel no se d

hombro y me miró di

cirle que he cambiado de opinión, puedo retirarme

da, un acto de protección

lel había construido un t

sacrificar su propia oportunid

tre los dos homb

za, mi decisión m

endió a mí misma, tomé su rostro entre mis mano

estuviera acostumbrado

había mantenido oculta. "No quiero a un guerrero admirado que me apuñalar

r en par, una mezcla de sh

quier otro hombre en este pueblo, te elegí a ti, y no me arrepi

r mi mejilla, no de dolor, si

oblemas", susurré. "Me e

i algo en sus ojos que

de esp

su mano y secó mi lá

no con promesas vacías, sino con una ver

entaríamos l

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Mi Boda: Una Trampa Cruel
Mi Boda: Una Trampa Cruel
“Mi abuela me miró con sus ojos cansados, la preocupación llenaba cada arruga de su rostro. "Xochitl, ya no eres una niña, todas las muchachas de tu edad ya se casaron y hasta tienen hijos corriendo por sus casas." Su voz era suave, pero cada palabra apilaba más presión sobre mí. En nuestro pueblo, una curandera soltera de veinte años era una rareza, casi una anomalía. "La gente empieza a hablar, mi niña, dicen que algo anda mal contigo." Bajé la mirada a mis manos manchadas de hierbas. Un sorteo, esa era la tradición. Los dioses decidirían mi destino. Un frío familiar me recorrió la espalda, no del aire de la montaña, sino de un recuerdo enterrado. En mi vida pasada, había escuchado esas mismas palabras. Y había sonreído, llena de una tonta esperanza. Mi corazón le pertenecía a Tlacaelel. Él, el guerrero más carismático, su sonrisa me hacía temblar las rodillas. Entonces, hice algo terrible: soborné al ayudante de mi abuela. "Asegúrate de que el primer papel que saque sea el de Tlacaelel." Mi boda fue el día más feliz de mi vida, o eso creí. Me trató como a una reina. Pero todo era una cruel trampa. El recuerdo de mi muerte volvió con la claridad de una pesadilla. En la choza, gritando de dolor, dando a luz. Tlacaelel a mi lado, susurrándome palabras de aliento. "Puja, mi amor, ya casi está aquí." El primer llanto de nuestro bebé. Miré a Tlacaelel, su sonrisa se borró. Su expresión se volvió aterradora. Sacó un cuchillo de obsidiana. Lo sentí clavarse en mi vientre, una y otra vez. El dolor fue indescriptible. Mis ojos buscaron a mi bebé. Tlacaelel lo levantó. Con calma monstruosa, aplastó su pequeño cráneo contra el pilar de madera. El llanto se detuvo. Para siempre. Mi mundo se derrumbó. Me torturó durante horas. "¿Por qué?", susurré con mi último aliento. "Porque nunca te amé, Xochitl, mi corazón siempre fue de Citlali, y tú te interpusiste." Todo fue por ella, su amante secreta, mi rival. Mi muerte fue lenta y agónica. Mi alma vagó, consumida por el odio, hasta que vi a Cuauhtémoc, el chamán temido. Lo vi descender al barranco. Recogió mis restos, mis huesos esparcidos. Cavó una tumba en tierra sagrada. Recogió flores silvestres. Veló por mí toda la noche, ahuyentando espíritus malignos con sus cantos. Él fue el único que lloró por mí. El único que me dio un entierro digno. El único que buscó justicia. Y en ese momento, mi alma encontró un ancla, una razón para volver. Abrí los ojos. Estaba de vuelta en mi choza, en mi cuerpo joven y sano. Los recuerdos de Tlacaelel avivaron mi determinación. Esta vez, no habría sorteo. Yo elegiría mi destino. "Abuela, no habrá sorteo." "He elegido a mi esposo. Quiero que arregles mi matrimonio con Cuauhtémoc, el chamán." La mandíbula de mi abuela cayó, sus ojos se abrieron con puro horror. El hombre más temido del pueblo. Mi salvador. Mi futuro esposo. Y el instrumento de mi venganza.”
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