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Mi Boda: Una Trampa Cruel

Capítulo 1 

Palabras:1204    |    Actualizado en: 07/07/2025

cansados, llenos de una preocup

tes, todas las muchachas de tu edad ya se casaro

ra era una piedra que se sumaba a

de mi edad era una rareza, una ano

ña, dicen que algo anda mal conti

anchadas con los restos de las hi

iró, un sonido

ombres de los jóvenes solteros del pueblo en una vas

venía del aire de la montaña, sino de un rec

había escuchado e

o, llena de una

el guerrero más carismático y apuesto del pueblo, su sonrisa hacía

onada con él que

mi abuela, un joven ambicioso y necesitado, le di todas mis

primer papel que saqu

ía siguiente, cuando mi mano temblorosa se hundió en la

cae

z de mi vida, o eso creí, me sentí

noches me contaba historias de sus batallas bajo las estrellas, y construyó para mí una choza de temazcal, la más

ron de que su amor era tan

leto, creyendo ciegamente

o era un

a cruel y

vió a mí con la claridad de

ando de dolor, dando a l

sosteniendo mi mano, susur

mor, ya cas

bebé salía de mí, escuché su primer l

ro una sonrisa se

s, mi amor,

caelel, la sonrisa se borró de su cara

o logr

iso, sacó un cuchillo de

r a la luz d

rse en mi vientr

e me consumió por dentro, grité, pero no

lágrimas y confusión

a mí, y con una calma monstruosa, aplastó su peq

nto se

sie

o se de

utando de cada uno de mis grito

ré susurrar con

re mí, su aliento

te interpusiste, tú y tu maldita suerte en el sorteo, ella murió por un

secreta, mi rival, la mujer que siempre

fue lenta

dejó de latir, mi alma se s

el arrastraba mi cadáver fuera de la choza

, un lugar donde solo los animal

ra que fuera devo

para Citlali, enterrándola con los más altos honores

una reputación de hombre devoto y desconsolado, un viudo fiel que ha

o nunca l

ida por el odio y el dolor, hasta que una noche

uauht

que todos temían por su rostro de

s de mi cuerpo, los huesos que los

tumba en la tierra sagrada, ce

res y las colocó sobre

ando por mí, ahuyentando a los espíritus

fue el único que lloró por mí, el

icia, aunque nadie más

destrozada encontró un anc

los

n mi choza, en mi

mirándome, espera

mo en mi alma herida, y la imagen de la crueldad de

no habrí

o elegiría

abuela a los ojos, mi voz so

no habr

parpadeó,

niña? Es la

do en el silencio de la habitación. "Quiero que a

la cayó, sus ojos se ab

más temido

alva

turo

umento de

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Mi Boda: Una Trampa Cruel
Mi Boda: Una Trampa Cruel
“Mi abuela me miró con sus ojos cansados, la preocupación llenaba cada arruga de su rostro. "Xochitl, ya no eres una niña, todas las muchachas de tu edad ya se casaron y hasta tienen hijos corriendo por sus casas." Su voz era suave, pero cada palabra apilaba más presión sobre mí. En nuestro pueblo, una curandera soltera de veinte años era una rareza, casi una anomalía. "La gente empieza a hablar, mi niña, dicen que algo anda mal contigo." Bajé la mirada a mis manos manchadas de hierbas. Un sorteo, esa era la tradición. Los dioses decidirían mi destino. Un frío familiar me recorrió la espalda, no del aire de la montaña, sino de un recuerdo enterrado. En mi vida pasada, había escuchado esas mismas palabras. Y había sonreído, llena de una tonta esperanza. Mi corazón le pertenecía a Tlacaelel. Él, el guerrero más carismático, su sonrisa me hacía temblar las rodillas. Entonces, hice algo terrible: soborné al ayudante de mi abuela. "Asegúrate de que el primer papel que saque sea el de Tlacaelel." Mi boda fue el día más feliz de mi vida, o eso creí. Me trató como a una reina. Pero todo era una cruel trampa. El recuerdo de mi muerte volvió con la claridad de una pesadilla. En la choza, gritando de dolor, dando a luz. Tlacaelel a mi lado, susurrándome palabras de aliento. "Puja, mi amor, ya casi está aquí." El primer llanto de nuestro bebé. Miré a Tlacaelel, su sonrisa se borró. Su expresión se volvió aterradora. Sacó un cuchillo de obsidiana. Lo sentí clavarse en mi vientre, una y otra vez. El dolor fue indescriptible. Mis ojos buscaron a mi bebé. Tlacaelel lo levantó. Con calma monstruosa, aplastó su pequeño cráneo contra el pilar de madera. El llanto se detuvo. Para siempre. Mi mundo se derrumbó. Me torturó durante horas. "¿Por qué?", susurré con mi último aliento. "Porque nunca te amé, Xochitl, mi corazón siempre fue de Citlali, y tú te interpusiste." Todo fue por ella, su amante secreta, mi rival. Mi muerte fue lenta y agónica. Mi alma vagó, consumida por el odio, hasta que vi a Cuauhtémoc, el chamán temido. Lo vi descender al barranco. Recogió mis restos, mis huesos esparcidos. Cavó una tumba en tierra sagrada. Recogió flores silvestres. Veló por mí toda la noche, ahuyentando espíritus malignos con sus cantos. Él fue el único que lloró por mí. El único que me dio un entierro digno. El único que buscó justicia. Y en ese momento, mi alma encontró un ancla, una razón para volver. Abrí los ojos. Estaba de vuelta en mi choza, en mi cuerpo joven y sano. Los recuerdos de Tlacaelel avivaron mi determinación. Esta vez, no habría sorteo. Yo elegiría mi destino. "Abuela, no habrá sorteo." "He elegido a mi esposo. Quiero que arregles mi matrimonio con Cuauhtémoc, el chamán." La mandíbula de mi abuela cayó, sus ojos se abrieron con puro horror. El hombre más temido del pueblo. Mi salvador. Mi futuro esposo. Y el instrumento de mi venganza.”
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