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Justicia para mi hijo

Capítulo 1 

Palabras:938    |    Actualizado en: 07/07/2025

a espalda doblada y los músculos gritando de dolor, mientras frotaba con fuerza las baldosas de un baño que no era el suyo. El sudor le corría

esa era la historia oficial. Lo que sí regresó, como una plaga, fue una deuda monstruosa. Una inversión fallida en ese mismo proyecto de excavación, decían los papeles. De la noche a l

o, una extraña enfermedad autoinmune que debilitaba su cuerpo día a día y que requería un tratamien

e hacía pedazos. Por la tarde, limpiaba casas. Y por la noche, cuando la desesperación apretaba más, vendía en el mercado negro pequeños hallazgos personales, artefactos que

pasado de generación en generación. Lo llevaba colgado al cuello, frío contra su piel. Sabí

ero era para la consulta del especialista de Leo la semana siguiente. Mientras tallaba con una esponja la llanta de una cam

tarretrato

egla no escrita para sobrevivir en ese trabajo. Pero la pantalla se encendió sola,

Ma

o de trabajo. La forma en que él la miraba, la manera en que la mano de ella descansaba sobre su pecho, hablaba de una intimidad que Sof

ofía empezó a l

jer? ¿Una colega?

gua, de antes de conocerse. Quizás era una inversionista del proyecto, la famosa "Sra. Valdés" de la que Mateo hablaba tanto antes de irse,

reerlo. La alternativa era demas

emblando ligeramente. Cobró su dinero y se fue a

eo su medicina, el niño la miró

a volver pr

la garganta. Se inclinó

está trabajando muy

a le supo

al despertar, sentía cada hueso de su cuerpo como si estuvieran rotos. El cansancio era una niebla espesa que la envolvía,

negra estaba ahí de nuevo. Sofía intentó no mirarla, concentrarse en el sedán que

r que parecía una joya. Llevaba un vestido blanco y sandalias que probablemente costaban más de lo

camioneta negra, abrió la puerta del copiloto y sacó el mismo portarretratos

convirtió en una sospecha fría y pe

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Justicia para mi hijo
Justicia para mi hijo
“El olor a cloro y a desinfectante barato se había vuelto mi perfume diario, un recordatorio constante de mi nueva realidad, muy lejos de la vida que conocía como la esposa de un respetado arqueólogo, Mateo. Hace un año, Mateo desapareció en una expedición, dejándome ahogada en deudas y con nuestro hijo, Leo, gravemente enfermo, necesitando medicinas que el seguro no cubría. Me desvivía, de guía turística por las mañanas a limpiadora por las tardes y vendiendo mis últimos objetos de valor por las noches, cada centavo para mantener a Leo con vida, mientras mi cuerpo y alma se desmoronaban. Un día, limpiando un auto de lujo, vi una foto en el portarretratos digital de una camioneta: era Mateo, sonriendo junto a una mujer rubia, en una playa paradisíaca que nunca habíamos visitado. La siguiente vez, la vi a ella, la "Sra. Valdés", bajando de la misma camioneta, mostrando la foto con una sonrisa, y un mal presentimiento me invadió. La sospecha se volvió horror cuando, en la billetera olvidada de esa camioneta, encontré la licencia de Mateo y una foto de él con la Sra. Valdés y su hijo: eran una familia feliz, con la misma mujer que le había estafado diciendo ser inversionista. Todo fue una farsa: Mateo no desapareció, nos abandonó, a mí y a su hijo enfermo, mientras construía una nueva vida de lujos con otra mujer, usándonos para su plan, su "inversión fallida" era un cruel engaño. Me dejó en la miseria, mi hogar embargado, el futuro de Leo pendiendo de un hilo, todo para vivir su opulencia, comprando vestidos de diseñador para su amante mientras yo luchaba por cada dosis de mi hijo. El dolor de su traición era tan físico, tan visceral, que me dejó sin aliento, una ola glacial de injusticia me recorrió, mi mundo explotó, revelando una verdad podrida. ¿Cómo pudo hacernos esto? ¿Cómo pudo ver a Leo, su propio hijo, como un "error"? La rabia y la desesperación me consumieron. Pero la palabra "error" no rebotaría en vano; mi hijo no sería un peón, y ellos pagarían por cada lágrima, cada humillación, y por la vida que me arrebataron.”
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