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Venganza De Las Mujeres

Capítulo 3 

Palabras:710    |    Actualizado en: 07/07/2025

sta. Sofía, vestida con un sencillo pero elegante conjunto de lino blanco, estaba preparando té en la cocina. No era un té cualquiera; era un Da Hong Pao, uno de los tés más caros del

un momento de paz antes de la to

. Don Ernesto, que había dejado su puesto en la mansión Herrer

ta Lorena está en la rec

iró. Tan p

ir, Ernesto

in esperar a ser invitada. Sus ojos recorrieron

s ratas", espetó. "¿Robaron todo lo d

Antes de que nadie pudiera reaccionar, se abalanzó y la tiró

torpe soy. Pero no te preocupes, te co

tió un escalofrío. Los ojos de Sofía no mos

el Dragón'. Era una pieza única de la dinastía Ming. La última ve

oquiabierta, su r

ndo. ¡Es solo una v

está min

onversación. Valeria, la abogada, salió de una

egún el artículo 397 del Código Penal Federal, eso se llama daño en propiedad ajena, y dado el valor del objeto, es un delito grave que se castiga

ada por la jerga legal y

. ¡Lo pagaré! Rodrig

n fajo de billetes y lo arr

tar para comprar cien de

stado observando la escena des

to de la caja en la que venía la tetera

llación. Al verse acorralada y ridiculizada, re

Sofía. "¡Querías que la rompiera para extorsionarme! ¡

fuera a arrancarse el collar de diam

entaste arrancarme

alir de sus habitaciones simplemente la miraron con una mezcla de asco y compasión. Lorena n

grandes de su preciada tetera. Cada fragmento era un recordatorio no de la pérdida, sino d

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Venganza De Las Mujeres
Venganza De Las Mujeres
“La partida de póker era todo un ritual, un silencio tenso roto solo por el suave chasquido de las fichas en la lujosa mansión Herrera. Justo entonces, la puerta se abrió de golpe y mi esposo, Rodrigo Herrera, entró con una sonrisa depredadora, presentándome a Lorena, su "único y verdadero amor". Frente a todas, incluidas sus otras siete amantes, las "Siete Flores de Oro", Rodrigo arrojó sobre la mesa un acuerdo de divorcio, exigiéndome que lo firmara. Luego, con una crueldad que helaba la sangre, ordenó a las siete mujeres, que habían vivido de su "generosidad", que se convirtieran en sirvientas de Lorena, humillándonos públicamente. Lorena sonreía con suficiencia, gozándose de nuestra degradación, ajena a que su triunfo sería efímero. Las otras mujeres intercambiaron miradas, su aparente sumisión ocultaba un sarcasmo feroz. Rodrigo, frustrado por su insubordinación, se encolerizó aún más, llegando hasta el punto de abofetearme en mi propio hogar. Este acto fue el quiebre, el punto de no retorno. Pero lo que él no sabía es que esta no era mi primera vida. Yo ya había vivido esto, y en esa vida, su crueldad me llevó a perder a nuestro hijo, a la depresión y, finalmente, a la muerte. Ahora, con cada humillación y cada golpe, mi resolución se hacía más fuerte que nunca. Esta vez, no sería su víctima. Cuando volví a abrir los ojos, desperté el día de nuestra boda, con todos los recuerdos de mi vida pasada intactos. En ese altar, juré que Rodrigo lo perdería todo, y más. Las "Siete Flores de Oro" no eran mis rivales, sino mis aliadas, mujeres a las que rescataría de su destino. Así que, con una sonrisa helada y una Escalera de Color en mis manos, firmé el divorcio, me puse de pie y las invité a empacar. Era hora de irnos, no para huir, sino para construir nuestra venganza.”
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