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Mi Venganza: De Ingeniero a Dueño

Capítulo 3 

Palabras:826    |    Actualizado en: 04/07/2025

ta principal abriéndose de golpe

a luz bruscamente. Apestaba a champán caro

a la luz. Ella me miró

arrastrando las palabras. "¿No me esperaste? N

. La lógica de su acusación er

con calma. "Vi las fotos. Parecía

a se c

atético, Ricardo! Deberías estar

lo. "Anda, tráeme un vaso de agua. Y p

a escuchado sus quejas sobre lo agotador que era ser el rostr

había cambiado

edé q

, Sofía. Sírve

rta, como si le hubiera

diji

éndome de pie. El cansancio en mi voz era genuino, pero no er

ostro fue reempl

Después de todo lo que he hecho por ti! ¡Esta

primera vez, no me sent

a mis patentes y a la casa de mis padres. Tú

earme, pero la detuve en el aire, aga

arme", dije en vo

ave. Tropezó hacia atrás, mirándom

qué te pasa, pero más te vale a

ón, dando un portazo tan fue

apagara. No corrí tras ell

ma y me quedé dormido de nuevo, con una

contrarla en la cocina. Por lo general,

para sí misma. Sobre la encimera había una elegante caja

anoche nunca hubiera ocurrido. "Mira lo que le compré a Mateo.

n limitada, brillante y nuevo. El mismo modelo

l barato", murmuró, más para sí misma que

borearla. El reloj viejo y de segunda mano

heló la sangre. Tomó el

e quedaría. Tienes la muñ

ó la mano y me puso el reloj. El metal f

ó por un

ve per

microfibra de la caja y comenzó a pulir meticulosamen

ellas dactilares cuando se

su marido. Ni siquiera era su socio. Era un maniquí de prueba. Una

nuda, y luego la miré a ella, pulien

no sentí nada más q

tín y volví a la cocina. Puse los papeles sobre

o?", pregunt

"Ya está todo redactado.

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Mi Venganza: De Ingeniero a Dueño
Mi Venganza: De Ingeniero a Dueño
“El aire se cortaba con la anticipación. Hoy, mi esposa Sofía, la brillante cofundadora de "Innovación Financiera", finalmente me presentaría, Ricardo "El Ingeniero" Morales, no solo como el cerebro técnico, sino como su esposo oculto. Pero en el escenario, en su lugar, ella levantó la mano de Mateo Vega, el arrogante pero carismático pasante, la mano de otro. No una, sino dos veces, me humilló frente a toda la industria que yo mismo había ayudado a construir, llamándome solo un "cerebrito" y luego permitiendo que ese chico, ese pasante, me suplantara. Me vi forzado a tragar la amarga píldora de mi insignificancia. Aún peor, cuando confronté a Sofía, ella se puso de su lado, acusándome de celos y de intimidar "al futuro de la empresa". Me amenazó con arruinar mi carrera si persistía en mi "berrinche". ¿Cómo podía? ¿Cómo podía olvidar que yo hipotequé la casa de mis padres y vendí mi auto para financiar nuestro sueño? ¿Cómo podía ignorar que yo escribí cada línea de código, que yo creé cada patente? Mientras observaba a Sofía cenar con Mateo en "nuestro" restaurante, en "nuestra" mesa, la última ficha del dominó cayó. El silencio se posó en mi alma, era el momento. No más humillaciones. No más vivir en las sombras. Era hora de que mi trabajo y mi valía fueran reconocidos. Al día siguiente, con una calma que venía de lo más profundo de mi ser, le di a Sofía los papeles del divorcio y le confesé mi secreto: soy el propietario legal de todas las patentes de la empresa. Mi camino hacia la libertad, por fin, había comenzado.”
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