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Mi Venganza: De Ingeniero a Dueño

Capítulo 4 

Palabras:640    |    Actualizado en: 04/07/2025

l reloj, una sonrisa de i

r. Deja de hacer berrinches.

ó con desdén y luego los d

tus dramas. Tenemos un

e dirigir. Yo ya no trabajo para ti. Y e

io cuenta de que hablaba en se

nte irte? ¿Después de todo

nido hueco y sin alegría. "Sofía,

tó, su voz subiendo de tono. "¡Sin mí,

atral, los rompió por la mitad, y luego otra vez,

er, en el evento, ¡iba a anunciar que éramos marido y mujer! ¡Iba a dar

trozos de pa

que ir a la oficina. Tie

dome de pie en una lluvia de pro

y Mateo eran el centro de atención. Él llevaba puesto su nuev

a con una sonrisa engreída.

orgullo. Cuando pasé por su lado par

as sobre el sistema de encriptación.

un niño. El círculo de empleados que los rodeaba

s cosas en su código que son... un poco ant

ón pública.

a Sofía, luego a Mateo, y luego a todos lo

clara y fuerte en el repentino si

el ceño. "¿Y

io. Efectivo i

cina. La cara de Sofía se quedó en

anza evaporándose. "¿De qué está

do. Ya acepté

a de pánico. "¡La empresa está a punto de salir

dinero, la única herr

Sofía. Me interesa mi dig

aré por incumplimiento

y me volví

a discutir los términos de mi empleo no remunerado durante los primeros tres años. Quizá

íamos formalizado mi contrato inicial, confiando en nuestra relació

una mueca de furia. Sabía

ras con la

íamos que ya l

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Mi Venganza: De Ingeniero a Dueño
Mi Venganza: De Ingeniero a Dueño
“El aire se cortaba con la anticipación. Hoy, mi esposa Sofía, la brillante cofundadora de "Innovación Financiera", finalmente me presentaría, Ricardo "El Ingeniero" Morales, no solo como el cerebro técnico, sino como su esposo oculto. Pero en el escenario, en su lugar, ella levantó la mano de Mateo Vega, el arrogante pero carismático pasante, la mano de otro. No una, sino dos veces, me humilló frente a toda la industria que yo mismo había ayudado a construir, llamándome solo un "cerebrito" y luego permitiendo que ese chico, ese pasante, me suplantara. Me vi forzado a tragar la amarga píldora de mi insignificancia. Aún peor, cuando confronté a Sofía, ella se puso de su lado, acusándome de celos y de intimidar "al futuro de la empresa". Me amenazó con arruinar mi carrera si persistía en mi "berrinche". ¿Cómo podía? ¿Cómo podía olvidar que yo hipotequé la casa de mis padres y vendí mi auto para financiar nuestro sueño? ¿Cómo podía ignorar que yo escribí cada línea de código, que yo creé cada patente? Mientras observaba a Sofía cenar con Mateo en "nuestro" restaurante, en "nuestra" mesa, la última ficha del dominó cayó. El silencio se posó en mi alma, era el momento. No más humillaciones. No más vivir en las sombras. Era hora de que mi trabajo y mi valía fueran reconocidos. Al día siguiente, con una calma que venía de lo más profundo de mi ser, le di a Sofía los papeles del divorcio y le confesé mi secreto: soy el propietario legal de todas las patentes de la empresa. Mi camino hacia la libertad, por fin, había comenzado.”
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